Virginia Woolf. Reflexiones acerca de la identidad sexual.

… El hombre mira el mundo de frente, como si estuviera hecho para su conveniencia y aderezado a su gusto. La mujer le lanza una mirada de soslayo, llena de sutileza, de suspicacia incluso. Si los dos hubieran vestido la misma ropa, es posible que su manera de pensar hubiera sido también la misma. Tal es el parecer de algunos filósofos que no dejan de ser sabios, pero en conjunto nosotros nos inclinamos por otro. Felizmente, la diferencia entre los sexos es una diferencia de gran hondura. La ropa no es sino un símbolo de algo escondido muy adentro.

(…)

Por diferentes que sean los sexos, se entremezclan. En todo ser humano hay una vacilación de un sexo al otro, y a menudo es sólo la ropa lo que mantiene la apariencia masculina o femenina, mientras que por debajo el sexo es lo contrario de lo que es por encima. De las complicaciones y confusiones resultantes todo el mundo ha tenido experiencia.

Virginia Woolf. Orlando
Alianza Editorial 2012
Pág. 173-174

Virginia Woolf. Reflexiones acerca de la creación artística.

…el anonimato envuelve al hombre como una bruma; el anonimato es oscuro, amplio y libre; el anonimato permite al espíritu seguir su camino sin trabas. Sobre el hombre anónimo se derrama el clemente efluvio de la oscuridad. Nadie sabe de dónde viene ni adónde va. Puede buscar la verdad y decirla; sólo él es libre; sólo él es veraz; sólo él está en paz.
(…)
Sumido largo tiempo en hondas cogitaciones sobre el valor del anonimato y la dicha de no tener nombre, sino ser como una ola que regresa al profundo cuerpo del mar; pensando cómo el anonimato libera a la mente de la irritación, de la envidia y el rencor, cómo hace correr por la venas las aguas libres de la generosidad y la magnanimidad; y permite dar y tomar sin dar gracias ni alabanza; que habrá sido el caso de todos los grandes poetas, suponía (aunque su conocimiento del griego no era suficiente para sacarle de dudas), porque, pensaba, Shakespeare tuvo que escribir así, y los constructores de templos construir así, anónimamente, sin necesidad de gratitud ni de renombre, sino sólo de su trabajo durante el día y quizá un poco de cerveza por la noche…

Virginia Woolf. Orlando
Alianza Editorial 2012
Pág. 97-98