CALEIDOSCOPIO DE REFLEXIONES

Podría parecer y parece que el único tema que me preocupa últimamente es el del papel de la mujer en el mundo, en la historia, en la literatura. Tal vez eso es lo que más aparece reflejado en mis lecturas, en mis publicaciones y en las publicaciones de otros que comparto en mi muro de Facebook. Y sí, es un tema que me preocupa y mucho, hasta el punto que algunos pueden llegar a considerarme una feminista fundamentalista en la misma medida en la que yo podría llegar a considerarles unos machistas fundamentalistas. Y por ese camino vamos mal si queremos llegar a entendernos todos y convivir en armonía, al menos.

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Pero la realidad es que también me interesan muchos otros temas, por supuesto, aunque no los comparta de manera tan frecuente ni en mi  blog ni en mi muro de Facebook. Y la razón es que aún no he encontrado la manera de comunicar cuales pueden ser esos múltiples intereses sin caer en el bombardeo excesivo de las redes que solo logran bloquearme o enojarme si apelan en exceso a la emotividad o caen en la frivolidad o el atontamiento. Y yo quiero huir precisamente de caer en ese mismo error. No quiero publicar nada que pueda provocar esas mismas sensaciones en los demás. Y la peor de todas es la sensación de estar perdiendo el tiempo con absurdidades en esa búsqueda, a menudo infructuosa, de reflexiones realmente enriquecedoras. Porque de temas interesantes hay muchos, pero la manera de abordarlos no siempre se me antojan atractivos ni efectivos.

Por ejemplo, me inquieta mucho el tema de la sostenibilidad del planeta en que vivimos. Resulta extremadamente preocupante escuchar en la radio o leer en las redes que el hielo de Groenlandia se está deshaciendo y que o se hace algo ahora al respecto o ya no habrá nada que hacer en el futuro y el mundo se irá irremediablemente a la mierda. Y ese algo que se puede hacer ¿de quién depende? ¿De los que ostentan el poder, como el insensato de Trump o el impresentable de Rajoy? ¿De los intereses de los grandes “lobbies” y empresas de todo el mundo? Pues estamos apañados. Si queremos creer que solo depende de ellos y que cada uno de nosotros nada puede hacer estamos perdidos. Pero, ¿y si cada uno de nosotros se parara a pensar que una cadena de decisiones individuales podría cambiar muchas cosas? Podríamos determinar el no viajar en avión a no ser que sea estrictamente necesario, o prescindir de secadoras, aires acondicionados, microondas, tostadoras, etc. Podríamos no contratar los servicios de compañías energéticas sucias y peligrosas como las centrales nucleares o las térmicas. Hay alternativas como instalar placas fotovoltaicas, contratar los servicios de compañías con garantías de que generen energías totalmente limpias. Podríamos usar el coche solo lo estrictamente necesario o prescindir de él si es posible. Podríamos dedicar nuestro ocio a realizar viajes a pie, en bicicleta, a caballo, en carro. Sí, podríamos recuperar el transporte de tracción animal y dejar de pensar que tener un caballo es un privilegio exclusivo de las clases más pudientes de la sociedad, al igual que los veleros. Podríamos dejar de realizar cruceros altamente contaminantes y cargarnos de auténtica energía con el turismo de proximidad y el turismo limpio y ecológico. Fomentemos las rutas de largo recorrido a caballo o en carro. Dejemos de usar tractores y volvamos a los arados de tracción animal. Tantas cosas se podrían hacer surgidas de la iniciativa individual…

Habrá quien diga que soy una ilusa romántica y que a saber qué aplico yo de todo esto en mi vida diaria, pero puedo contestarle que yo tengo placas fotovoltaicas instaladas en casa y no estoy conectada a ninguna empresa que me suministre energía adicional, por tanto no utilizo plancha, ni secadora de pelo, ni microondas, ni aire acondicionado, etc. Se puede vivir la mar de bien si todo eso. En cambio, disfruto de dos hermosos caballos y eso que no tengo ni un duro. Los cuido yo misma, en casa, y si estuviera más favorecido el desplazamiento en tracción animal por carretera incluso podría conseguir un carrito y prescindir de mi único coche, que utilizo lo mínimo indispensable. Claro que sería genial que ya hubiera coches eléctricos que se fabricaran y alimentaran exclusivamente con energías limpias y que pudieran cargarse con placas fotovoltaicas y fueran asequibles para aquellos que solo pueden aspirar a comprarse un coche de segunda mano, pero eso aún es ciencia ficción.

Estoy harta de limitarme a firmar las incontables peticiones de apoyo a numerosas causas y que luego me pidan además apoyo financiero o movilización ciudadana instándome a que me reúna con colectivos preocupados por los mismos temas que me preocupan a mí, como si yo fuera una millonaria que pudiera poner mi tiempo y el dinero que no tengo a disposición de unas causas para lo que lo único que se necesita es una movilización individual, una toma de conciencia individual.

Está claro que existen otros problemas relacionados con el medio ambiente que no he mencionado, igualmente preocupantes, como es el tema de la localización y la necesidad o no de incineradoras, la gestión y elección de embalajes respetuosos con la naturaleza, la gestión de los residuos, la contaminación y la gestión del agua, las presas innecesarias que secan los ríos, la elección de lo que comemos dictado por los intereses de la agricultura y la ganadería intensiva o por las limitaciones de nuestros precarios recursos económicos, el abuso de pesticidas, venenos y fármacos en los que cae hasta el más humilde productor agrícola o ganadero temeroso de no ser tan competitivo como el que más…

Los temas son múltiples y variados, por mucho que a veces estén interrelacionados y me siento incapaz de abarcarlos todos por su complejidad. Y con todo, pienso que la clave para comenzar a resolverlos continua estando en la cadena de decisiones personales, en el pensamiento libre de las presiones del mercado y de las manipulaciones de los poderosos. La reflexión constante es la que nos conducirá a buscar soluciones y si es necesario a crear núcleos de presión efectivos sobre aquellos cuyas ambiciones desmesuradas no respetan ni a la naturaleza ni a sus congéneres.

De modo que aparcaré los problemas medioambientales y me centraré en otros temas igual de complejos, como el de los refugiados climáticos o de guerra y la apertura de fronteras, que es asimismo inquietante y da mucho que pensar ¿Realmente podemos creer que la solución está en una simple apertura de fronteras? A todos no los podemos acoger por mucho que lo ideal sería que las fronteras ni siquiera existieran para nadie en ningún sitio. Pero existen, igual que lo ideal sería que nadie se viera obligado a abandonar su casa por ninguna razón y con todo, hay gente que no tiene más remedio que hacerlo. ¿A quién acogemos? ¿Damos prioridad a unos y discriminamos a otros? Este tema sí que requiere una verdadera presión colectiva para que se solucionen los conflictos desde su mismo punto de origen, sin poner parches con acogidas al servicio de intereses políticos que solo sirven para limpiar conciencias.

Me preocupa también el tema de los numerosos peligros que acechan a la infancia y la adolescencia, especialmente a través de las nuevas tecnologías ¿si ni los padres estamos demostrando ser lo suficientemente responsables con el uso de las tecnologías, cómo esperamos que lo sean nuestros hijos? Ponemos en sus manos unas herramientas para mejorar las comunicaciones y solo conseguimos empeorarlas. Los adolescentes se refugian y encierran en sus círculos de amistades con conversaciones vacías y un lenguaje cada vez más empobrecido y se lo permitimos a pesar de que ni nos respetan ni se interesan demasiado en comunicarse con los adultos a no ser que sea para conseguir algo de nosotros. No vamos bien si los padres no somos capaces de pararles los pies a nuestros hijos. La educación debería ser responsabilidad de los más aptos y los más aptos a menudo no son precisamente los padres. Por eso se debería aceptar siempre la ayuda de todos, de los tíos, de los abuelos, de los profesores…

Y me inquieta mucho el tema de los miedos, el miedo como herramienta para dominar al otro. De los miedos han surgido las religiones y el patriarcado. Pero ahora quiero centrarme en el tema de las religiones y dejar algo aparcado el del patriarcado. La curiosidad por hallar ciertas respuestas a enigmas como la creación del universo o la muerte despiertan en algunos, en muchos, miedos y temores y hay quien avispadamente ha sabido avivarlos y aplacarlos con imaginativas ficciones que aparentemente ofrecían respuestas, a partir de las cuales establecían un credo y una fe. Ese credo y esa fe se han utilizado para conducir a muchas personas a cometer atrocidades con la excusa de que también pueden conducir a hacer el bien. Pero hagan el bien o el mal, los que ostentan la fe lo único que están haciendo es poner sus miedos al servicio de los intereses de alguien, sea quien sea ese alguien: budismo, cristianismo, jainismo, judaísmo, hinduismo, islamismo y todos los –ismos habidos y por haber. Incluso aquellos que afirman conservar una fe por simple inercia, sin confiar ya en ninguna iglesia, continúan presos de sus miedos y los miedos paralizan y esclavizan el pensamiento.

Cuando Slava Mukhanov, al abordar el tema de la creación del universo desde la perspectiva científica pide humildad  lo único que está haciendo es pedir que se perpetúe el sentimiento de temor, de miedo ante las grandes incógnitas. En cambio admiro a Stephen Hawking cuando al abordar el mismo tema afirma que dios ya no es necesario. El mundo fue creado de la nada absoluta afirma él ¿por qué sentir miedo ante eso? Luchemos contra nuestros miedos.

Autor: Maite Mateos

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