“¿ES POSIBLE LA VIDA SIN LOS SUEÑOS?”

RESEÑA: ANDROIDES Y TENTÁCULOS – OCTAVI FRANCH

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El existencialismo, la perduración enfrentada al posible exterminio o final de la especie humana es la inquietud que late en los tres relatos breves de ciencia ficción recogidos en esta obra del autor catalán Octavi Franch, que vuelve a despuntar después de siete años de silencio literario, por su estilo directo, onírico, fresco y original. Porque ¿es posible la vida sin los sueños? ¿Son posibles los sueños sin la vida?

Autor reseña: Maite Mateos

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Acerca del MEMENTO FABULIS, reseña del escritor costarricense Geovanny de Sosa

Daniel es un chico de unos diez años que tiene ansias de conocimiento. Y gracias a un libro que halla en la librería de su abuelo, consigue satisfacer, en buena medida, esas ansias. Memento Fabulis, de la autora de Barcelona (España), Maite Mateos, nos adentra en una serie de historias que dicho tomo contiene, relatos fantásticos, históricos y llenos de milenaria sabiduría.MementoFabulis1Hay un hilo conductor, una transversalidad que, como eje de carreta, mueve hacia una dirección concreta la historia: la verdad. Una búsqueda que queda como tarea para Daniel y, en él, para todos los niños y adultos que leamos tan espléndida obra.
Cada historia lleva un trozo de esa verdad, sin perder la dulzura que atrapa al niño que desea ir, vivir y ser parte de todos los mundos que se describen. El invierno, el verano, lo antiguo, lo nuevo, seres mitológicos y otros con poder sobre los humanos: todo se mueve en un compás que agita los sentidos y lleva a pensar. Y quizás esa es la fuerza y riqueza de Memento Fabulis, proponer a los niños un itinerario de reflexión, siempre sin dejar de entretenerlo y regalarle momentos de diversión. Ojalá podamos, al final de la lectura de esta obra, decir como el abuelo de Daniel: “… solo a partir del conocimiento será posible construir nuestro propio pensamiento”.

Autor reseña : Geovanny de Sosa, 13 de marzo 2018,
https://www.facebook.com/geovannydesosa/photos/a.1497190060594134.1073741828.1489480451365095/1917892981857171/?type=3&theater

LA PROMESA DE LA QUIMERA

Le expliqué que solo quería experimentar cosas nuevas, conocer de primera tinta las maravillas de las que tanto hablaban los demás y ella se limitaba a lanzarme miradas escépticas que me intimidaban. Pero me daba igual lo que pensara. Lo único que esperaba de ella es que me prometiera que no se lo contaría a nadie. Con todo, me replicó que si no quería que lo supiera nadie más es porque aquello no podría traerme nada bueno, que ocultándolo impedía que los demás pudieran protegerme de mí misma y del mal que pudiera desbocar.
No quería escucharla y salimos del centro comercial discutiendo. Yo se lo había explicado pensando que quizá me acompañaría en esa aventura, que tal vez ella también se animaría a emprenderla junto a mí y en cambio, me había topado con un muro de reprobación. Era mi mejor amiga pero, a veces podía llegar a ser muy aburrida y melindrosa. No tenía ni idea de lo fantástico que podía llegar a ser todo si te lanzabas sin tantos miedos y remilgos. ¡El mal decía! Como si probar y experimentar pudiera hacernos daño. Todo estaría bajo control, le prometía yo. Nada podría sucedernos. Yo ya conocía algo aquel mundo lleno de promesas pero ella no quería confiar en mí. Afirmaba que también había oído algunas cosas de aquel mundo y que en absoluto se le antojaba tan fascinante como a mí.
Me encaminé por unas de las callejuelas que bordeaban la catedral asegurando que yo me adentraría en aquella aventura quisiera ella o no. Y ella me siguió. Las sombras se cernían sobre nosotras en aquel mal iluminado callejón y de entre ellas surgió una figura fantástica, fascinante que parecía llamarme con su mirada perturbadora. Pero otra criatura de aspecto igual de fascinante y siniestro se interpuso entre la primera aparición y nosotras, para acabar engarzándose en una discusión a la que mi amiga y yo asistíamos pasmadas.quimera
¿Era una quimera surgida de los horrores de un infierno imaginario y una gárgola guardiana de sus mismos confines? Asimismo se habían definido ¿Estábamos soñando? Yo no recordaba haber franqueado aún ninguna frontera y mi amiga seguía allí, a mi lado. La quimera continuaba fijando en mí su mirada cargada de promesas, una mirada que la gárgola calificaba de falsa y retorcida. Observé de reojo a mi amiga que parecía estar petrificada por el horror. Al fin y al cabo debía reconocer que la situación era muy inquietante, fuera un sueño o no. ¿Lo era? ¿Y mi amiga? ¿Qué era lo que tanto la horrorizaba? Oíamos a una quimera hablar de sueños y a una gárgola hablar de realidad, ¿desterrar a la quimera de la realidad? La quimera pertenece al mundo de los sueños, donde no puede hacer daño pero, en el mundo de la realidad ¿qué daño podría hacernos? ¿Nos convertiría en sus presas como insinuaba la gárgola? ¿En las esclavas de un mundo de pesadilla? Por el aspecto de la quimera bien pudiera ser esto una pesadilla más que un sueño y tal vez sería mejor recurrir a la prudencia y no adentrarse en mundos desconocidos cargados de promesas engañosas. Fijé los ojos en los de mi amiga y la liberé de su promesa de silencio. En ese preciso instante la quimera lanzó un rugido de rabia y se desvaneció, junto a la gárgola, entre las sombras que rodeaban la catedral.

Autor: Maite Mateos

LA MIRADA DE LA GÁRGOLA

Noté sus ojos fijos en los míos antes de entrar en el centro comercial que había junto a la catedral. Recordé que alguna vez había leído algo sobre ellas, las gárgolas, unas figuras escultóricas cuya función, al margen de la decorativa, era la de ahuyentar de los lugares sagrados, a los espíritus del mal o al mismo demonio.
Eso era. Era el mal lo que retumbaba en el interior de mi mente, el mal que se ocultaba en el secreto que acababa de explicarme mi mejor amiga. Había sellado mis labios con una promesa de silencio que ahora pesaba como una losa sobre mí, una losa sobre la que parecían descansar los ojos de piedra de la gárgola.
Las horas pasaron sin que pudiera centrar mi mente en otra cosa que no fuera la promesa que me sentía incapaz de cumplir. No debería haber hecho esa promesa. Por el bien de mi amiga, no debería haberla hecho y así se lo manifestaba mientras pasaba mis ojos sobre millares de fruslerías sin verlas. Pero mis palabras no parecían alcanzar a disuadirla de nada.
Cuando salimos del centro comercial sin haber llegado a comprar ni una triste nadería, la oscuridad se estaba cerniendo ya sobre el cielo de la catedral. Apenas se distinguían sus elementos escultóricos y me sentí aliviada por haber escapado por fin de la mirada de la gárgola. Nos adentramos por una de las góticas callejuelas que bordeaban el imponente edificio, cuando una amenazadora figura se abatió sobre nosotras, emergiendo de entre las sombras del mal iluminado callejón. Mi amiga iba hablando despreocupadamente y repentinamente enmudeció. Ante nuestros ojos se alzaba una criatura de aspecto terrorífico, con cuerpo de cabra, cola de dragón y cabeza de león o ¿tenía más de una cabeza? No podía verla claramente porque abrió rápidamente sus fauces, dispuesta a arrojarse sobre nosotras, pero otra figura se interpuso entre la aterradora criatura y nuestros cuerpos. Se trataba de una nueva figura no menos temible que la anterior, con cuerpo de león, alas de murciélago y cabeza de dragón. Me recordaba extrañamente a algo.Gargola
-¡No te entremetas gárgola! – rugió la primera y terrorífica criatura.
¡Gárgola había dicho!
-¡Retírate quimera! – replicó la gárgola con un sonido gutural y amenazador al tiempo que giraba la cabeza en mi dirección y clavaba sus ojos en los míos una vez más.
-¡Me lo prometiste! Nada de intromisiones – protestó la quimera.
-De nada sirven las promesas cuando se interpone el deber – le rebatió la gárgola.
-¡Deber! ¿Qué deber puede superponerse a la obligación de una promesa? – escupió la quimera con desprecio.
-El deber de ahuyentar el mal, el daño que tú te empecinas en extender por doquier – espetó la gárgola.
Mi amiga y yo asistíamos a aquel duelo de palabras petrificadas por el terror.
-¿El mal? ¿El daño? Yo prometo ilusión, fantasía y siempre cumplo. No como otros.
-Sí, la promesa de lo inalcanzable, que a la larga solo acarrea desilusión y destrucción ¿Así cumples tú? ¿No juraste mantenerte en los límites de los sueños? ¿Por qué te empeñas en invadir los dominios de la realidad? ¿Dejarás que tu ambición de extender el mal por doquier te destruya? ¡Retírate! Aún estás a tiempo.
-Tú no puedes destruirme.
-Oh, sí. Yo no. Lo sabemos bien – afirmó la gárgola fijando sus ojos en los míos de nuevo.
-Y ellas tampoco – se mofó la quimera siguiendo la dirección de la mirada de la gárgola -. Son mías ahora.
-¿De veras? Destruirte no podrán, eso solo puedes lograrlo tú misma, pero sí pueden desterrarte de la realidad y con ello salvarte – replicó la gárgola.
Yo miré a mi amiga, que había seguido toda la conversación entre las espeluznantes criaturas con el mismo estupor y pavor que yo. Nuestras miradas se cruzaron y yo le susurré que me permitiera retirar la promesa que le había hecho. Ella murmuró a su vez que se desdecía de todo lo que me había explicado y que por tanto ya no sería necesario mantener silencio ni promesa alguna. En ese momento, la quimera lanzó un furioso rugido de frustración y desapareció en la oscuridad, tan repentinamente como había aparecido. La gárgola nos miró entonces con satisfacción, asintió y alzó el vuelo buscando las alturas de la catedral, perdiéndose entre las sombras que proyectaban sus centenarias piedras, para acabar fundiéndose en ellas una vez más.

Autor: Maite Mateos

MEMENTO FABULIS EN AMAZON

 

MementoFabulisCover

 

Conjunto de narraciones fantásticas incrustadas en una historia creada para responder al porqué de tantas festividades que giran en torno a los solsticios y los equinoccios. Una fábula que aportará un rayo de luz a los interrogantes que los niños y los ya no tan niños, continuamente nos planteamos en nuestro continuo deseo de aprender para intentar mantener nuestras mentes siempre abiertas.

 

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CAMÍ CONTRARI / CAMINO CONTRARIO

CamiContrari

Intueixo que la meva tempesta interior difícilment s´apaivagarà per molt que senti la penetrant flaire del timó, en trepitjar-lo, mentre travesso camps i més camps d´oliveres una mica deixats… És culpa meva que estiguin així de deixats, ho sé. Però no sempre em sento amb forces d´agafar el tractor per passar la picadora, que falta que fa. Vaig esporgar el millor que vaig saber, encara que sóc conscient que les meves maneres són el escarni de tots els pagesos de la contrada. Però tant me fa. Tot i les crítiques, la temporada passada vaig gaudir d´una collita acceptable, cosa que no poden dir d´altres que presumeixen de portar anys i anys esporgant. No sóc filla d´aquesta terra però sóc filla de la terra i remenar-la és el que realment em dóna vida. Remenar-la i viure en ple contacte amb ella.
I és que per mi els pobles i les ciutats són com cementiris, on s´amunteguen els vius amb els morts ofegant-se els uns amb els altres. S´organitzen en pisos talment com nínxols o en cases, xalets i luxoses mansions com panteons a mida de les seves possibilitats econòmiques… Quin negoci el de la mort i quin negoci el de la vida… Però sempre pels altres. De tot allò és del que renego.
Les meves passes continuen sent nervioses i enèrgiques. Ho sé. És difícil contenir-se quan la indignació sobrepassa la raó i envaeix tot el cos. Fúria és el que sento. Pot ser més que fúria però, no trobo les paraules en aquesta llengua que és la meva i no ho és perquè, no sempre ha format part de la meva interioritat. I tot i així em veig abocada a esforçar-me, ha fer meves per igual paraules com timó, farigola o “tomillo” de la mateixa manera que faig meves les roques de capritxoses formes que m´envolten i que em conviden a imaginar mil i una fantasies. Això aconsegueix relaxar-me una mica i deixo anar per fi una sospira. I penso en el que m´ha posat furiosa. En les paraules del meu fill.
– Totes les dones sou iguals.
Com no he estat capaç d´inculcar al meu fill que ningú es igual a ningú? Quin mal han fet les cobejades paraules tant socialment acceptables de que tots som iguals… La igualtat pot ser molt positiva, però també ho pot ser la diferència. Tot és relatiu. Què entenem per igualtat i què entenem per diferència?
-I tots els homes sou iguals? – vaig replicar-li jo enrabiada –. Sí ja ho sé, ara em diràs que a tu ja t´està bé ser com tots els homes. Ser un home és una cosa bona, oi? I pobre de tu que mostris cap indici de ser diferent, perquè de seguida series la víctima de tots els escarnis. Que si “marieta” o… coses pitjors. I a tu et sembla bé que funcionin així les coses? Realment penses que ets tan home com se suposa que un home ha de ser? Realment penses que ser una dona és una cosa dolenta?
-Doncs… A “l´insti” hi ha un mestre que diu que els homes són molt superiors a qualsevol dona i la prova és que totes les grans personalitats de la història, tots els grans científics i artistes, tret de contades i rares excepcions, són sempre homes i jo crec que…
-I tu penses que tot el que expliquen els mestres o qui sigui és un acta de fe? Pensa et dic sempre i no creguis absolutament res. Intenta eliminar la paraula creure del teu vocabulari, de la teva ment. T´ho he aconsellat més de mil cops i mai en serà prou, sembla.
-Ja però si hi han proves irrefutables…
Jo començava a perdre la paciència.
-Proves irrefutables? De què? De que els homes són superiors a les dones? I qui ha creat aquestes proves? Qui selecciona els personatges suposadament destacats de la història? Qui decideix que un personatge destaca més que un altre? Si en la societat en la que vius encara eduquen a un home perquè inverteixi tot el seu temps en si mateix, en estudiar o en treballar i a una dona la eduquen perquè inverteixi part del seu temps, si no tot, a les tasques domèstiques a més a més d´estudiar o treballar, quins creus que tenen més oportunitats per destacar en la seva feina i en la història?
-Doncs a mi sempre m´exigeixes que faci el llit, posi ordre i t´ajudi en totes les feines de la casa o del camp. Aleshores, no tindre oportunitats per destacar en els estudis per això? – em preguntà reptador.
-Tu i jo no ens repartim les tasques per poder tenir els dos les mateixes oportunitats? – li contesto amb una altre pregunta – Per què creus que hauries de tenir tu més oportunitats que no jo per destacar o per tenir més temps lliure? No som iguals, perquè jo sóc com sóc i tu ets com ets però, això no treu que tots dos siguem persones i com a persones hem d´ajudar-nos i esforçar-nos per viure en harmonia. Si tu penses que tens més dret que jo a tenir més temps lliure o més oportunitats simplement perquè ets un home o un fill o algú millor que jo, trencaràs aquesta harmonia, provocaràs insatisfacció, malestar i la convivència serà difícil si no impossible. I això és el que passa també a un altre nivell més ampli en la societat en general.
-Molt bé, però el cas és que sempre m´estàs sermonejant i per tant ets com totes les mares i com totes les dones – va dir abans de girar cua i tancar-se a la seva habitació amb un cop de porta.
Està clar que el meu fill no vol escoltar. Té les oïdes tancades a les paraules de la seva mare.
-I tant! – vaig exclamar empipada i amb sornegueria a través de la porta tancada – Totes les dones treballen amb un tractor si fa falta o fan llenya amb la motoserra si cal, com faig jo!
Per què em treu tant de polleguera? Em sento com si m´hagués deixat amb la paraula a la boca.  Hi ha moments en que no puc menys que pensar en si val la pena tenir un fill, quan aquest sembla estar  tant obsedit en voler convertir-se en un home descerebrat en lloc d´una persona assenyada. Jo que precisament m´havia proposat com un repte personal que el meu fill no s´assemblés mai de la vida a un masclista més… Però no és fàcil lluitar tota sola contra tots els estímuls que li empenyen cap el camí contrari al que jo voldria que agafés.

Autor: Maite Mateos
Finalista Tercer Concurs de relats breus de les Garrigues “En femení”

CAMINO CONTRARIO

Intuyo que mi tempestad interior difícilmente se calmará por mucho que sienta el penetrante aroma del tomillo, al pisarlo, mientras recorro campos y más campos de olivos medio dejados… Es culpa mía que estén así de abandonados, lo sé. Pero no siempre me siento con fuerzas para coger el tractor y pasar la picadora y ya haría falta. Hice la poda lo mejor que pude, aunque soy consciente de que mi técnica provoca las chanzas de todos los labradores del entorno. Pero me da igual. A pesar de las críticas, pude disfrutar de una cosecha aceptable la temporada pasada, algo que no pueden decir otros que presumen de llevar años y años podando. No soy hija de esta tierra pero, soy hija de la Tierra y  removerla es lo que realmente me da vida. Removerla y vivir en pleno contacto con ella.
Y es que para mí los pueblos y las ciudades son como cementerios, donde se amontonan los vivos con los muertos asfixiándose los unos con los otros. Se organizan en pisos a modo de nichos o en casas, chalets y lujosas mansiones como panteones a medida de sus posibilidades económicas… Qué negocio el de la muerte y qué negocio el de la vida… Pero, siempre para los demás. De todo ello es de lo que reniego.
Mis pasos continúan siendo nerviosos y enérgicos. Lo sé. Es difícil contenerse cuando la indignación sobrepasa la razón e invade todo el cuerpo. Furia es lo que siento. Puede ser más que furia pero, no encuentro las palabras en esta lengua que es la mía y no lo es porque, no siempre ha formado parte de mi interioridad. Pese a todo, me veo obligada a esforzarme, a hacer mías por igual palabras como “timó”, “farigola” o tomillo, de la misma manera que hago mías las rocas de caprichosas formas que me rodean y que me invitan a imaginar mil y una fantasías. Eso consigue relajarme un poco y dejo escapar un suspiro. Y pienso en lo que me ha puesto furiosa. En las palabras de mi hijo.
-Todas las mujeres sois iguales.
¿Cómo no he sido capaz de inculcarle que nadie es igual a nadie? Qué daño han hecho las exaltadas palabras tan socialmente aceptables de que todos somos iguales… La igualdad puede ser muy positiva, pero también puede serlo la diferencia. Todo es relativo. ¿Qué entendemos por igualdad y qué entendemos por diferencia?
-¿Y todos los hombres sois iguales? – repliqué yo llena de rabia -. Sí, ya lo sé, ahora me dirás que a ti ya te parece bien ser como todos los hombres. Ser un hombre es una cosa buena ¿verdad? Y pobre de ti que muestres algún indicio de diferencia, porque en seguida serías víctima de todas las burlas. Que si “mariquita” o… coses peores. ¿Y a ti te parece bien que funcionen así las cosas? ¿Realmente piensas que ser una mujer es una cosa mala?
-Pues… En el “insti” hay un “profe” que dice que los hombres son muy superiores a cualquier mujer y la prueba de ello es que todas las grandes personalidades de la historia, todos los grandes científicos y artistas, con contadas y raras excepciones, son siempre hombres y yo creo que…
-¿Y tú piensas que todo lo que explican los profesores o quien sea, es un acto de fe? Piensa, te digo siempre y no creas absolutamente nada. Intenta eliminar la palabra creer de tu vocabulario, de tu mente. Te lo he aconsejado más de mil veces y nunca será suficiente, al parecer.
-Ya pero si hay pruebas irrefutables…
Yo comenzaba a perder la paciencia
-¿Pruebas irrefutables? ¿De qué? ¿De que los hombres son superiores a las mujeres? ¿Y quién ha creado esas pruebas? ¿Quién ha seleccionado a los personajes supuestamente destacados de la historia? ¿Quién decide que un personaje destaca más que otro? Si en la sociedad en la que vives todavía se educa a un hombre para que invierta todo su tiempo en sí mismo, en estudiar o trabajar y a una mujer la educan para que invierta parte de su tiempo, o todo, en las tareas domésticas además de estudiar o trabajar, ¿Quién crees que son los que tienen más oportunidades para destacar en su trabajo o en la historia?
-Pues a mí siempre me exiges que haga la cama, ordene y te ayude con todas las tareas de la casa o del campo. Entonces, ¿no tendré oportunidades para destacar en los estudios? –me preguntó retador.
-¿Tu y yo no nos repartimos el trabajo para poder tener los dos las mismas oportunidades? – le contesté con otra pregunta -. ¿Por qué crees que tú deberías tener más oportunidades que yo para destacar o para tener más tiempo libre? No somos iguales, porque yo soy como soy y tú eres como eres pero, eso no quita que los dos seamos personas y como personas hemos de ayudarnos y esforzarnos para vivir en armonía. Si tú piensas que tienes más derecho que yo a tener tiempo libre o más oportunidades simplemente porque eres un hombre, o un hijo o alguien mejor que yo, romperás esa armonía, provocarás insatisfacción y la convivencia será difícil o imposible. Y eso es lo que ocurre también en la sociedad en general, en un nivel más amplio.
-Muy bien pero, el caso es que siempre me estás sermoneando y por tanto eres como todas las madres y como todas las mujeres – me dijo antes de volverse y encerrarse en su habitación con un portazo.
Está claro que mi hijo no quiere escuchar. Ha cerrado los oídos a las palabras de su madre.
-¡Y tanto! – exclamé enfadada y con sorna a través de la puerta cerrada. – ¡Todas las mujeres trabajamos con un tractor si es necesario o cortamos leña con la motosierra si hace falta, como hago yo!
¿Por qué me saca tanto de quicio? Me siento como si me hubiera dejado con la palabra en la boca. Hay momentos en que pienso en si vale la pena tener un hijo cuando éste parece estar tan obsesionado en querer convertirse en un hombre descerebrado en lugar de en una persona razonable. Yo que precisamente me había propuesto como un reto personal que mi hijo no se asemejara nunca a un machista más… Pero no es fácil luchar sola contra todos los estímulos que le empujan hacia el camino contrario al que yo querría que tomara.

Traducción: Maite Mateos

La pluma

La encontré en el fondo del cajón de un viejo escritorio que compré en un rastro. Debía ser muy antigua porque el plumín era muy largo y esbelto, de acero, con elegantes grabados florales que se repetían a lo largo del portaplumas de plata. Era un objeto exquisito, de punta itálica, que se adaptaba a la mano con increíble facilidad pero, lo más sorprendente de todo, es que parecía rebosar tinta fresca, lista para usar. Dispuse un folio en blanco sobre la mesa del escritorio y me apresuré a comprobar si era posible comenzar a escribir con ella, sin más. Me quedé anonadada al ver emerger la tinta negra con todPlumaa fluidez sobre el papel, en forma de preciosas y pulidas letras como jamás antes había logrado esbozar y, del mismo modo, comenzaron a fluir mis pensamientos.
Pese a que mi vecina bramaba con su voz retumbante, agitanada y soez, como siempre, desde el piso de arriba y sus familiares le contestaban en el mismo tono, dejando oír sus voces igualmente desagradables, yo continuaba escribiendo con soltura. Nada parecía poder importunarme teniendo aquella pluma en la mano. Se cerró una puerta con un fuerte golpe y se oyeron los ruidosos y precipitados pasos de los vecinos que bajaban por las escaleras arrastrando con ellos toda su maldad y vulgaridad en forma de gritos, pataleos y bandazos, hasta que por fin poco a poco se fueron alejando y extinguiéndose. Pero yo continuaba escribiendo con la pluma, impertérrita, imaginando que ya nunca más volverían, especialmente ella, con su cuerpo repugnante, hinchado y deforme, sus piernas patizambas y esperpénticas.
Todo el mundo la odiaba en el edificio y con todo, algunos la saludaban con hipócritas sonrisas cargadas de falsa amabilidad, no les fuera a ocurrir lo que a otros y se acabaran encontrando con sus casas desvalijadas, destrozadas, o con sus coches rayados por todos lados… Cuánta falsedad, inútil coraza y vacía transigencia. La repugnancia y el rechazo que despiertan las personas dañinas es un instinto sano que nos salvaguarda mucho más eficazmente del mal que nos puedan reportar, que la hipocresía y la falsa tolerancia que algunos profesan reprimiendo sus sanos instintos. Es un rechazo justificado que nada tiene que ver con la xenofobia, definida en el diccionario de la Real Academia Española como el odio, la repugnancia y la hostilidad contra los extranjeros. Que fácilmente se confunden unas cosas con las otras …
No. Yo no exageraba en absoluto sobre lo dañina que era mi vecina y su familia, que nada tenía de extranjera. Su ojos eran tan pequeños y malignos como el de las ratas y tan huidiza como ellas no parecía haber un solo policía capaz de meterla en una jaula-prisión de la que nunca jamás pudiera escapar, por muchas razones que diera para que la encerraran. De modo que, como las ratas, continuaba moviéndose entre cloacas, arrastrando toda su mierda consigo.
Veía su cuerpo de rata volviéndose día tras día más pesado y abotargado. La veía corriendo delante del camión de la basura, como una auténtica alimaña. Intentaba esquivarlo. Con su chulería de siempre creía estar lográndolo. Aún pensaba sacar tajada del seguro del conductor si éste la hacía el menor rasguño. Sin embargo, el camión de la basura avanzaba impertérrito. De pronto, de forma inaudita, la pasó por encima, despanzurrándola. Y aunque no quise ver más, sentí que algo dentro de mí se liberaba.
Dejé la pluma sobre el papel. Repentinamente los pensamientos se agotaban y las palabras ya no fluían con rapidez. Miré hacia la ventana y noté con sobresalto que el teléfono estaba sonando. Fui a cogerlo y contesté con desgana. Del otro lado, sonó la voz excitada de una de mis amigas que vivía dos calles más abajo. Sus palabras se agolpaban una tras otra y me costó entender lo que me estaba diciendo. Hasta que finalmente lo entendí todo. La maldita vecina de los ojos de rata se acababa de matar con el coche. De los que viajaban con ella no se sabía aún si habían sobrevivido. El camión de la basura se les había cruzado en el camino y los había empotrado contra un muro de contención.
Me quedé sin aliento. Colgué y me dirigí rápidamente hacia el escritorio. Bajo la pluma había quedado una mancha de tinta que recordaba a una rata despanzurrada. Cogí la pluma con cuidado, limpié el plumín y la volví a depositar en el fondo del cajón del viejo escritorio. Tenía un no se qué de espeluznante aquella pluma pero, decidí guardarla como un auténtico tesoro.

Autor: Maite Mateos