La eterna querella… Contra el sexismo

Maruja Torres explica en su libro Mujer en Guerra que durante una entrevista o conversación que mantuvo con Doris Lesing, autora de El Cuaderno Dorado y Premio Nobel de literatura, ésta afirmó lo siguiente: yo siento un gran respeto hacia las mujeres que no se detienen, que luchan, que siguen adelante, pero desprecio a las que solo saben quejarse y hablar. Y Maruja Torres acaba comentando: santas palabras. Si las mujeres abandonáramos el victimismo y el resentimiento y dedicáramos el tiempo de la queja a la plena realización personal, avanzaríamos considerablemente en nuestra lucha.
Pero, ¿Eso bastaría? ¿Es todo una mera qüestión de conseguir realizarse personalmente, si es que las circunstancias que vive cada una lo permiten? Yo estoy convencida de que el tema es mucho más complejo que eso, o peor aún, pienso que aún es más detestable el caso de aquellas mujeres que ni siquiera se quejan, ni les preocupa el tema de la opresión sexista en la que continuamos todas inmersas, hayamos conseguido realizarnos personalmente o no. Seguramente se debe a que esas mujeres han logrado beneficiarse económicamente de ese sistema que a la mayoría nos oprime o bien han conseguido subir algunos o muchos escalafones en la lucha por el poder, pero se trata, no lo olvidemos, del poder patriarcal. Y algunos aún tendrán la desfachatez de preguntarse ¿Qué quiere decir con eso del poder patriarcal? Porque creerán que estoy confundiéndo e identificando a los hombres con el concepto de poder patriarcal y la realidad es bien distinta. Yo coincido con la también Premio Nobel de literatura, Elfriede Jelinek cuando afirma: yo no lucho contra los hombres, sino contra el sistema, que es sexista.
La pregunta clave tal vez sería ¿Cuándo, cómo y porqué se ininició el sistema sexista o patriarcal? ¿Ha existido alguna vez un sistema que no sea sexista? El sexismo se ha implantado en todo el mundo, cierto, hasta en el más remoto rincón de la Tierra, pero también es igual de cierto que existen pequeños reductos sociales repartidos aquí y allá donde el sistema no es en absoluto sexista. Están siendo profusamente estudiados por destacados antropólogos que utilizan términos como matrilinealidad o matrilocalidad para definirlos e intentan escapar del concepto de matriarcado, demasiado criticado en según que ámbitos, puesto que da lugar a confusiones conceptuales. Intentan huir de esas ideas asociativas tan perjudiciales que identifican al matriarcado con el dominio de las mujeres sobre los hombres… aunque eso esté muy alejado de la realidad.
Anne Baring, psicoanalista y Jules Cashford, experta en mitología y folklore, después de analizar un gran número de imágenes de diosas mitológicas de diferentes civilizacionnes, desde el paleolítico hasta las diversas representaciones de la virgen María contemporáneas, descubrieron paralelismos entre culturas supuestamente inconexas y esos paralelismos los resumieron bajo lo que llamaron principio femenino pero que quizá sea más acertado llamar mentalidad primigenia, una mentalidad primigenia hoy desaparecida, en la que existía una integración entre los sexos, una relación entre lo manifiesto con lo no manifiesto, entre lo visible y lo invisible, donde la muerte no era el final, sino una mera fase de un ciclo mayor, al igual que entendían la luna como algo que formaba parte de un ciclo de renovación continua que englobaba el renacimiento y la transformación, donde se aceptaban los aspectos más luminosos y más oscuros de la variada realidad que es la vida. Entendían, también, que formaban parte de la naturaleza como un todo y la muerte era necesaria para renovar la vida.
Pero esta mentalidad primigenia, llegado un momento en la historia fue desapareciendo para dar paso al sexismo, una nueva mentalidad con una visión de la muerte como final absoluto y opuesto a la vida, como algo espeluznante, despiadado y carente de promesas de renacimiento. La naturaleza y la luna, identificada con la mujer, quedó relegada a la oscuridad, a lo malo, mientras que comenzaron a identificar al sol con la masculinidad, con lo bueno y lo noble, con la heroicidad. Los nuevos dioses que fueron surgiendo a partir de esa nueva mentalidad fueron adquiriendo todos ese cariz, relegando a un segundo plano a los anteriores, identificados desde entonces con las fuerzas más tenebrosas y oscuras de la naturaleza. Ante el creciente miedo a la muerte fue surgiendo la necesidad de alcanzar la inmortalidad durante la vida y es así como se iniciaron las grandes religiones monoteístas, donde un único dios era el único creador de todo, un dios que prometía la “vida eterna”. Se impuso desde entonces la idea de que el dios, el espíritu, siempre masculino, es el creador de la naturaleza y no la naturaleza la creadora del espíritu.
Resulta muy interesante esta aportación de Jules Cashford y Anne Baring al análisis del tema y genera una vez más preguntas como ésta ¿Por qué desapareció esa mentalidad primigenia, que solo pervive en algunas manifestaciones materiales del pasado, en retazos de los relatos mitológicos y literarios y en algunas sociedades matrilienales desperdigadas por el mundo de hoy?
Y cuando hablo de mentalidades ha de quedar claro que éstas no deben identificarse con el concepto de religión. Las mentalidades pueden dar lugar a las religiones, de hecho, las mentalidades están muy estrechamente ligadas con las religiones pero, las mentalidades no son religiones.
Y prefiero utilizar el concepto de mentalidad primigenia porque resulta molesta la reacción de algunos hombres que creen que cuando estás hablando de principio femenino, feminismo o matriarcado estás diciendo que todo lo relativo a las mujeres es bueno mientras que cuando estás hablando de patriarcado creen que les estás atacando en cuanto a hombres, atribuyendo todo lo malo a los hombres en general, cuando en realidad estamos hablando solo de personas sexistas. Sencillamentte, una persona, por el hecho de ser de sexo masculino no tendría porqué identificarse con lo patriarcal o con el sexismo, que es lo mismo.
El problema es que, aunque la mentalidad primigenia no está identificada exclusivamente con las mujeres, la mentalidad patriarcal si está identificada exclusivamente con los hombres, aunque incluya a hombres y mujeres que pretenden dominar política, económica y socialmente a todo aquel que se oponga a su nueva construcción mental, sea hombre o mujer, pero en especial ha atacado y ataca al sexo femenino, atribuyéndole todo lo malo, lo sucio, lo débil y lo abyecto. No es de extrañar pues que muchas mujeres reaccionen de alguna manera ante tanto oprobio.
Hablemos pues de mentalidad sexista definitivamente y superemos el concepto de patriarcado de una vez.

Así pues, machismo, sexismo, misogínia… Todo eso forma parte del poder sexista, que ha cimentado nuestras mentalidades, la de todos, hombres y mujeres, pertenezcan al sexo o a la cultura que pertenezcan y su empeño máximo es dominar, controlar a la mujer.
En el mundo occidental tenemos que luchar contra Aristóteles, contra Pablo de Tarso (el creador del cristianismo) y contra otros tantos autores que han defendido la inferioridad de la mujer respecto al hombre, hasta llegar a Kant y Nietzsche, los grandes difusores de la idea de que la mujer es un ser bello pero falto de inteligencia. Antaño se recurría al poder de la imagen esculpida o pintada para transmitir esa idea. Artistas como Matisse, Ingres y otros, utilizaban la imagen de la belleza de la mujer para controlarla, para inculcar que la única ambición de la mujer debía ser el esforzarse en conseguir ser bella, en responder a los cánones de belleza que se les imponía año tras año. Y hoy día continúan utilizándose las fotos y las películas con el mismo objetivo.
En el mundo oriental, en cambio, los empezinados en perpetuar el sistema sexista, utilizan el espacio para dominar a las mujeres prohibiéndolas, a través de la xara, la ley inspirada en el Corán, el acceso a los lugares públicos si no van tapadas. Y con todo, según las palabras de la socióloga magrebí Fatema Mernissi, ni los fanáticos extremistas más fervientes argumentan nunca que las mujeres sean inferiores a los hombresEs más, lo irónico, es que en Oriente, tierra de harenes, poligamia y velos, los musulmanes siempre han soñado, tanto en la literatura como en la pintura, con mujeres reivindicativas, decididas, incontrolables y expresivas. La Sherezade de “Las mil y una noches” ocupaba las fantasías de los árabes, mientras que los persas pintaban princesas aventureras como Shirin…
Los musulmanes, por tanto, siempre han reconocido la inteligencia y la capacidad intelectual de las mujeres mientras que en occidente, tradicionalmente, no han sido consideradas aptas para el pensamiento analítico o profundo. Por eso, la violencia para intentar controlar a la mujer es más visible en el mundo islámico que en el occidental, afirma Fatema Mernissi. En occidente, en cambio, la estrategia elegida para intentar dominar a las mujeres es más sutil que un burka o un velo. En el mundo occidental el arma utilizada contra las mujeres es equiparar juventud y belleza, y condenar la madurez, de la misma manera que la restricción de los espacios públicos es el arma utilizada en Oriente. El objetivo es idéntico en las dos culturas: hacer que las mujeres se sientan fuera de lugar, ineptas y feas… y así dominarlas.
Lo que propone exactamente Fatema Mernissi en su libro El Harem Occidental, es que dejemos de obsesionarnos por nuestro aspecto físico, teniendo en cuenta que actualmente el régimen alimenticio es el sedante político más potente de la historia de las mujeres. Y yo me inclino a pensar que también muchos hombres acaban siendo víctimas de obsesiones similares respecto a su aspecto físico, porque al fin y al cabo, a los poderosos también les interesa manipular a las grandes masas, pertenézcan éstas al sexo que pertenezcan.
Joumana Haddad, poetisa, traductora y periodista libanesa propone, a más a más, matar en nuestro interior al mito de Sherezade, porque está convencida de que es un mito que transmite un mensaje equivocado: No enseña resistencia y rebelión a las mujeres, tal y cómo se insinúa al discutir y analizar el personaje. En realidad, les enseña a hacer concesiones y a negociar con sus DERECHOS fundamentales. Las convence de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo, o lo que sea, es el modo de abrirse pado en la vida. ¿Y a eso lo llaman ingenio? ¿Y a eso lo llaman resistencia?
En su libro, Yo maté a Sherezade, Joumana Haddad afirma también que no deberíamos aceptar ser mujeres en espera, tanto si se trata de una ocasión, una oportunidad, un acontecimiento u, obviamente un hombre. Tenemos que levantarnos, acercarnos, extender la mano hacia lo que queremos y tomarlo. O, por lo menos intentarlo.

La questión es que pese a la resistencia, el ingenio y la rebeldía de tantas mujeres a lo largo del tiempo continua triunfando la mentalidad sexista, un sexismo que se ha ido extendiendo por todas las esferas de nuestras vidas desde hace siglos, con sus altos y bajos.
Lucía Etxebarria en su libro La Eva futura, propone acertadamente iniciar la deconstrucción de la masculinidad y la feminidad tradicionales puesto que el desigual ritmo de los perfiles de género está dificultando nuestras vidas, la de los hombres y las mujeres, nuestras relaciones y nuestras posibilidades para desarrollarnos como individuos libres.
Pero parece una tarea de titanes luchar contra el sexismo, tan arraigado está en la construcción mental de práticamente todas las sociedades, sobre todo en aquellas donde las religiones, ya sean politeistas o monoteistas continuan subsistiendo y manifestándose públicamente… Porque de hecho, todas las grandes religiones de hoy día son sexistas. Cualquier intento de querer interpretarlas en términos de igualdad sexual, dentro de lo que llaman teología feminista, estuvo y está condenado al fracaso. Es más, también las nuevas teologías que se están creando al margen de las grandes religiones que presumen de no ser sexistas e incluso se definen como feministas, están condenadas al fracaso.

La única solución pasará por la construcción de una nueva mentalidad que deje enterrada en el olvido a la mentalidad sexista y eso solo ocurrirá cuando quede obsoleta hasta la última manifestación pública de religiosidad monoteísta o politeista que pueda dejar nuestras mentes de nuevo entre penumbras. Porque la única manera de deconstruir la mentalidad sexista y crear una nueva mentalidad, pasa por abrir las mentes de cada uno de nosotros a todos los pensamientos, sean cuales sean, para ser capaces de analizarlos en profundidad e impedir que nadie pueda volver a manipularlos nunca más.

Autor: Maite Mateos

Contra la pretendida inferioridad de la mujer… (II)

 

Es desalentador escuchar aún a día de hoy, en boca de algunos, palabras de convencimiento acerca de la supuesta superioridad del hombre con respecto a la mujer. Y lo argumentan afirmando que las grandes personalidades de la historia, la ciencia, la cultura o el arte son todos hombres. Aún son capaces de retarte a que les menciones un solo nombre de mujer que se les pueda comparar.
Es posible que si eres una persona poco culta ese argumento te deje K.O. Incluso si eres una persona muy culta, esa afirmación te deje anonadado ante la desfachatez y la ignorancia del otro. Está muy claro que en la sociedad patriarcal en la que vivimos, se tiende a focalizar todo en torno a las figuras masculinas, a exaltarlas, mientras se deja de lado y mucho más olvidadas a las figuras femeninas. Y eso ha venido ocurriendo desde siempre y todavía ocurre. En los manuales escolares siguen apareciendo un sin fin de nombres de personalidades masculinas, por anodinas que sean y se siguen olvidando los nombres de las personalidades femeninas, por destacadas que sean. Para que luego se sigan preguntando algunos ¿Cómo es que todavía hoy, en los tiempos en que estamos, continúan existiendo reivindicaciones feministas? Incluso hay quien se avergüenza de ser considerado feminista por considerar innecesaria ya cualquier tipo de reivindicación. Muchos huyen como de la peste de poder estar bajo la sospecha de ser feminista, sobre todo muchas escritoras, que constantemente necesitan justificarse de estar escibiendo sobre mujeres para que no las encasillen bajo el clisé de estar haciendo una supuesta literatura de mujeres, una literatura aparentemente inferior a la literatura de hombres. Y la realidad es que no existe una literatura de mujeres, al igual que no existe una literatura de hombres. Pero es igual. Las mujeres necesitan justificarse una y otra vez. E incluso huyen del calificativo feminista prefiriendo otros como el de antisexistas. Pero viene a ser lo mismo ¿Hasta cuándo?
Es posible que las mujeres estén aprendiendo por fin a decir no, a abandonar a los hombres, a sustituirlos por otros u otras, a liberarse de las normas que las asfixian y que tienen siglos o milenios de antiguedad que las “avalan”, pero aún queda mucho por hacer y muchas caerán aún víctimas de la violencia de género o simplemente caerán víctimas de la incomprensión o la indiferencia ¿Hasta cuándo?

Maite Mateos

Contra la pretendida inferioridad de la mujer…

(Fragmento de Sine Speculo)

– Entonces, los libros que lees, no los escoges tú sino quienes los encargan…
– Más o menos. Depende de la temática. A veces los clientes están tan acostumbrados a mi letra que exigen que sea yo quien realice la copia del libro que desean y con todo, siempre procuro elegir entre varios encargos. Tardo unos cuantos meses o incluso un año o más en acabar una sola obra. Pero pagan muy bien. Mientras tanto, escojo también otros libros por el simple gusto de leerlos.
– Ya, pues a mí no me interesan en absoluto los libros que responsabilizan a las mujeres de todas las desgracias del mundo como ocurre en Las Lamentaciones de Matheolus. Si a mí me encargaran copiar códices como esos me negaría rotundamente, por muy bien que me pagaran ¿Tienes que copiar muchos libros así o son de los que lees por placer?
Guerau rio un poco entre dientes, como si le hubiera hecho gracia mi pregunta y al mismo tiempo le incomodaran mis opiniones. Me imagino que el tono de mis palabras debió sonarle bastante agresivo, sin que yo fuera demasiado consciente de ello. Sin embargo, él se apresuró a responder sin perder su aplomo y su eterna amabilidad, esa amabilidad que tanto me sorprendía y me desarmaba.
– Precisamente hace poco me han pasado el encargo de copiar el De Secreta Mulierum ¿Lo conoces?
Denegué con la cabeza, aunque me pareció recordar que Cristina de Pizán también lo mencionaba en La Ciudad de las Damas.
– Pues es otro libro donde aparecen las mujeres como algo inmundo, imperfecto, condenado y te entran ganas de consagrarte a la iglesia de por vida con tal de no tener tratos con ellas; por lo que sí, me encargan muchos libros así en el taller. Pero eso no quiere decir que yo me crea todo lo que dicen. Al contrario, me gustan mucho las mujeres y me imagino que a ti también.
Se hizo un silencio espeso y Guerau me miró incisivamente. Creo que en ese momento debí enrojecer hasta las raíces del cabello.
– ¿No estarás enamorado?- Me preguntó con un tono socarrón que no me hizo demasiada gracia.
– ¿Enamorado? ¿Yo? No, no. No es eso. Simplemente me parece un derroche de soberbia afirmar que el hombre es superior a la mujer, tal y como pretenden hacernos creer en esos libros – me apresuré a contestar.
– Ya ¿No sabes que Aristóteles afirmaba que la mujer es un hombre deformado? Elaboró toda una teoría al respecto. Supongo que ya la conoces.
A mi pesar tuve que confesar que no, poniendo en evidencia mi ignorancia al respecto y me mordí el labio inferior en un intento de reprimir la vergüenza y la rabia que sentía por tener que admitir que no la conocía.
– Se trata de la teoría de la polaridad de los sexos. Dicha teoría afirma que existen diferencias entre el hombre y la mujer y que en esas diferencias se manifiesta precisamente la superioridad del hombre.
Fruncí el ceño sumamente molesta.
– Y porque es Aristóteles quien formula esa teoría ¿debemos creerla por fuerza? Cierto que fue un gran sabio que acertó en muchas cosas pero, también debió equivocarse en muchas otras – le rebatí.
Guerau arqueó una ceja.
– ¿Pones en duda a uno de los grandes como es Aristóteles? Pero si es uno de los puntales de todo el conocimiento universal y la base del método escolástico que se enseña en todas las universidades… – se extrañó.
– Yo no pongo en duda a Aristóteles. Solo digo que por fuerza debió equivocarse en alguna de sus reflexiones. No existe nadie perfecto, ni superior ¿o es que acaso tú no te equivocas nunca? – le pregunté en un tono bastante agresivo.
– Sí, claro que me equivoco, pero de todas maneras sí que existe alguien perfecto y superior, aunque no sea Aristóteles… – insistió Guerau con un ligero tono reprobador en la voz – y si afirmaras lo contrario serías considerado como un hereje.
– Ya, te refieres a Dios ¿verdad? Pero ese no es el tema – respondí con cautela –. Estábamos hablando de hombres y mujeres. Después de todo, Dios no es una cosa ni la
otra. Solo se puede afirmar que estamos hechos a semejanza suya, según la Biblia.
– Los hombres, no las mujeres.
– Las personas – recalqué molesta- . Los hombres son diferentes de las mujeres y las mujeres son diferentes de los hombres en muchas cosas. Pero también existen numerosas diferencias entre dos hombres. Y no me negarás que también hay muchas cosas que hombres y mujeres tienen en común y una de ellas es que son personas. Pero en ningún caso las diferencias pueden justificar la superioridad o la inferioridad de los unos sobre los otros.
– Creo que tienes unas ideas muy atrevidas pues, está claro que en el mundo en que vivimos, los hombres gozamos de unos privilegios de los que carecen las mujeres, igual que hay hombres que disfrutan de unos privilegios que otros no tienen.
– Eso está claro. Pero no debería ser así.

Maite Mateos. Sine Speculo. (Pág. 18)

Gemma Lienas. Sexe fort o sexe dèbil?

Pel que sembla, la fortalesa més gran de l´organisme femení es troba en el fet que tots els embrions són primigèniament femenins. Per expresar-ho amb paraules del biòleg Ramon Nogués: “Podria dir-se que el sexe dels mamífers és espontàniament femení “. I és a partir de l´activació de les hormones que aquest fetus femení arriba a convertir-se en masculí. O sigui, exactamente al contrari del que creia Aristòtil, el filòsof greg que va ser un dels primers a enunciar la teoria de la pretesa inferioritat natural de la dona.

(Traducción al castellano):

Por lo que parece, la fortaleza más grande del organismo femenino se encuentra en el hecho de que todos los embriones son primigéniamente femeninos. Para expresarlo con las palabras del biólogo Ramon Nogués: “Podría decirse que el sexo de los mamíferos es espontániamente femenino”. Y es a partir de la activación de las hormonas que este feto femenino llega a convertirse en masculino. O sea, exactamente lo contrario de lo que creía Aristóteles, el filósofo griego que fue uno de los primeros en enunciar la teoria de la pretendida inferioridad de la mujer.

Gemma Lienas. Rebels, ni putes ni submises.
Ed. 62. 2005(Pág. 80)

Virginia Woolf. Reflexiones acerca de la identidad sexual.

… El hombre mira el mundo de frente, como si estuviera hecho para su conveniencia y aderezado a su gusto. La mujer le lanza una mirada de soslayo, llena de sutileza, de suspicacia incluso. Si los dos hubieran vestido la misma ropa, es posible que su manera de pensar hubiera sido también la misma. Tal es el parecer de algunos filósofos que no dejan de ser sabios, pero en conjunto nosotros nos inclinamos por otro. Felizmente, la diferencia entre los sexos es una diferencia de gran hondura. La ropa no es sino un símbolo de algo escondido muy adentro.

(…)

Por diferentes que sean los sexos, se entremezclan. En todo ser humano hay una vacilación de un sexo al otro, y a menudo es sólo la ropa lo que mantiene la apariencia masculina o femenina, mientras que por debajo el sexo es lo contrario de lo que es por encima. De las complicaciones y confusiones resultantes todo el mundo ha tenido experiencia.

Virginia Woolf. Orlando
Alianza Editorial 2012
Pág. 173-174