Lo más valioso y secreto de un bagaje lector

Escribir sobre mis lecturas más recientes o no tan recientes como autor o aspirante a autor  me cuesta… Seguramente porque, como afirma Luis Landero en su última obra ¨El balcón en invierno¨: En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estético y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural.

Exactamente por esobooktrunk me cuesta, porque se trata de revelar lo más valioso y secreto de mi bagaje lector, de mi modo de ser y de sentir… Violenta demasiado mi natural reservado, por no llamarlo timidez o vergüenza, o lo que sea. Con todo, quiero obligarme a hacerlo como un ejercicio más de escritura, de una escritura más abierta que complemente a aquella otra escritura que queda limitada a las fronteras de la novela, de la poesía, de los relatos o de los “libros de pensamientos” más íntimos. Una escritura que, al fin y al cabo, han practicado innumerables autores a lo largo de la historia.

Pero, ¿Por dónde empezar? Quizá por las reflexiones que Salman Rushdie vuelca en los personajes de su última gran novela “Dos años, ocho meses y veintiocho noches”: Ve adonde el orgullo del hombre está inflado, allí donde el hombre se cree a sí mismo un dios, arrasa sus arsenales y sus antros de perdición, sus templos a la tecnología, el conocimiento y la riqueza. Ve también a esos lugares sentimentales donde se dice que dios es amor. Ve y enséñales la verdad.
Menudo reto hoy día. Enseñar la verdad ¿Qué es la verdad? Algo que solo se puede alcanzar a través de una mente abierta, o mejor dicho, de una mente esforzada, trabajada, que carezca de fronteras o diques de contención. Una mente que ha de permanecer abierta a las controversias porque: la idea misma de una disputa es una herramienta para mejorar la mente, la más afilada de todas las herramientas, nacida del amor al conocimiento, es decir, de la filosofía.

E insisto en que esto es todo un reto en un mundo en el que toda información se nos presenta actualmente en una red virtual desbordada, ahora inaccesible o manipulada, al servicio siempre de los más poderosos, un mundo embriagado de palabras vacías volcadas en mil y una tertulias vanas, en mil y un libros publicados bajo la dictadura del mercado, donde resulta complejo separar el trigo de la paja, si es que se separa. Pero la lectura de los libros de Salman Rusdhie es siempre estimulante para el pensamiento, como interesantes son las obras de Javier Marías, impregnadas siempre de un lenguaje tan elevado e intelectualizado que casi parece increíble puesto en boca de todos sus personajes, de modo que desearías que fueran reales, que todo el mundo fuera capaz de hablar de esa manera, a modo de discursos más o menos introspectivos, más o menos profundos. Aunque debo reconocer que ya me empieza a cansar la aparición del profesor Rico en prácticamente todas sus obras, y una vez más en su última novela “Así empieza lo malo”,  por mucho que tenga su gracia el que esté inspirado en un personaje real que, por cierto, yo también he conocido presencialmente. El profesor Rico fue un profesor mío en la facultad y es cierto que es tan pedante y tan amante de intimidar a sus estudiantes como lo describe Marías.

Igual de fascinante resulta el lenguaje arcaizante de las últimas novelas de Andres Trapiello que recrean la figura de Don Quijote a modo de homenaje al mundo cervantino. Se trata de “Al morir Don Quijote” y “El final de Sancho Panza y otras suertes”. Se me antoja extremadamente estimulante esa lluvia incansable de palabras desusadas, tan añejas que sin embargo, logran introducirnos tan acertadamente en ese universo literario tan excepcional de los tiempos de Cervantes.

Con todo, tal y como afirma Doris Lessing en “El cuaderno dorado”: Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente esos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forma parte de una moda o un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte años o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años o viceversa.

Autor: Maite Mateos

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La eterna querella… Contra el sexismo

Maruja Torres explica en su libro Mujer en Guerra que durante una entrevista o conversación que mantuvo con Doris Lesing, autora de El Cuaderno Dorado y Premio Nobel de literatura, ésta afirmó lo siguiente: yo siento un gran respeto hacia las mujeres que no se detienen, que luchan, que siguen adelante, pero desprecio a las que solo saben quejarse y hablar. Y Maruja Torres acaba comentando: santas palabras. Si las mujeres abandonáramos el victimismo y el resentimiento y dedicáramos el tiempo de la queja a la plena realización personal, avanzaríamos considerablemente en nuestra lucha.
Pero, ¿Eso bastaría? ¿Es todo una mera qüestión de conseguir realizarse personalmente, si es que las circunstancias que vive cada una lo permiten? Yo estoy convencida de que el tema es mucho más complejo que eso, o peor aún, pienso que aún es más detestable el caso de aquellas mujeres que ni siquiera se quejan, ni les preocupa el tema de la opresión sexista en la que continuamos todas inmersas, hayamos conseguido realizarnos personalmente o no. Seguramente se debe a que esas mujeres han logrado beneficiarse económicamente de ese sistema que a la mayoría nos oprime o bien han conseguido subir algunos o muchos escalafones en la lucha por el poder, pero se trata, no lo olvidemos, del poder patriarcal. Y algunos aún tendrán la desfachatez de preguntarse ¿Qué quiere decir con eso del poder patriarcal? Porque creerán que estoy confundiéndo e identificando a los hombres con el concepto de poder patriarcal y la realidad es bien distinta. Yo coincido con la también Premio Nobel de literatura, Elfriede Jelinek cuando afirma: yo no lucho contra los hombres, sino contra el sistema, que es sexista.
La pregunta clave tal vez sería ¿Cuándo, cómo y porqué se ininició el sistema sexista o patriarcal? ¿Ha existido alguna vez un sistema que no sea sexista? El sexismo se ha implantado en todo el mundo, cierto, hasta en el más remoto rincón de la Tierra, pero también es igual de cierto que existen pequeños reductos sociales repartidos aquí y allá donde el sistema no es en absoluto sexista. Están siendo profusamente estudiados por destacados antropólogos que utilizan términos como matrilinealidad o matrilocalidad para definirlos e intentan escapar del concepto de matriarcado, demasiado criticado en según que ámbitos, puesto que da lugar a confusiones conceptuales. Intentan huir de esas ideas asociativas tan perjudiciales que identifican al matriarcado con el dominio de las mujeres sobre los hombres… aunque eso esté muy alejado de la realidad.
Anne Baring, psicoanalista y Jules Cashford, experta en mitología y folklore, después de analizar un gran número de imágenes de diosas mitológicas de diferentes civilizacionnes, desde el paleolítico hasta las diversas representaciones de la virgen María contemporáneas, descubrieron paralelismos entre culturas supuestamente inconexas y esos paralelismos los resumieron bajo lo que llamaron principio femenino pero que quizá sea más acertado llamar mentalidad primigenia, una mentalidad primigenia hoy desaparecida, en la que existía una integración entre los sexos, una relación entre lo manifiesto con lo no manifiesto, entre lo visible y lo invisible, donde la muerte no era el final, sino una mera fase de un ciclo mayor, al igual que entendían la luna como algo que formaba parte de un ciclo de renovación continua que englobaba el renacimiento y la transformación, donde se aceptaban los aspectos más luminosos y más oscuros de la variada realidad que es la vida. Entendían, también, que formaban parte de la naturaleza como un todo y la muerte era necesaria para renovar la vida.
Pero esta mentalidad primigenia, llegado un momento en la historia fue desapareciendo para dar paso al sexismo, una nueva mentalidad con una visión de la muerte como final absoluto y opuesto a la vida, como algo espeluznante, despiadado y carente de promesas de renacimiento. La naturaleza y la luna, identificada con la mujer, quedó relegada a la oscuridad, a lo malo, mientras que comenzaron a identificar al sol con la masculinidad, con lo bueno y lo noble, con la heroicidad. Los nuevos dioses que fueron surgiendo a partir de esa nueva mentalidad fueron adquiriendo todos ese cariz, relegando a un segundo plano a los anteriores, identificados desde entonces con las fuerzas más tenebrosas y oscuras de la naturaleza. Ante el creciente miedo a la muerte fue surgiendo la necesidad de alcanzar la inmortalidad durante la vida y es así como se iniciaron las grandes religiones monoteístas, donde un único dios era el único creador de todo, un dios que prometía la “vida eterna”. Se impuso desde entonces la idea de que el dios, el espíritu, siempre masculino, es el creador de la naturaleza y no la naturaleza la creadora del espíritu.
Resulta muy interesante esta aportación de Jules Cashford y Anne Baring al análisis del tema y genera una vez más preguntas como ésta ¿Por qué desapareció esa mentalidad primigenia, que solo pervive en algunas manifestaciones materiales del pasado, en retazos de los relatos mitológicos y literarios y en algunas sociedades matrilienales desperdigadas por el mundo de hoy?
Y cuando hablo de mentalidades ha de quedar claro que éstas no deben identificarse con el concepto de religión. Las mentalidades pueden dar lugar a las religiones, de hecho, las mentalidades están muy estrechamente ligadas con las religiones pero, las mentalidades no son religiones.
Y prefiero utilizar el concepto de mentalidad primigenia porque resulta molesta la reacción de algunos hombres que creen que cuando estás hablando de principio femenino, feminismo o matriarcado estás diciendo que todo lo relativo a las mujeres es bueno mientras que cuando estás hablando de patriarcado creen que les estás atacando en cuanto a hombres, atribuyendo todo lo malo a los hombres en general, cuando en realidad estamos hablando solo de personas sexistas. Sencillamentte, una persona, por el hecho de ser de sexo masculino no tendría porqué identificarse con lo patriarcal o con el sexismo, que es lo mismo.
El problema es que, aunque la mentalidad primigenia no está identificada exclusivamente con las mujeres, la mentalidad patriarcal si está identificada exclusivamente con los hombres, aunque incluya a hombres y mujeres que pretenden dominar política, económica y socialmente a todo aquel que se oponga a su nueva construcción mental, sea hombre o mujer, pero en especial ha atacado y ataca al sexo femenino, atribuyéndole todo lo malo, lo sucio, lo débil y lo abyecto. No es de extrañar pues que muchas mujeres reaccionen de alguna manera ante tanto oprobio.
Hablemos pues de mentalidad sexista definitivamente y superemos el concepto de patriarcado de una vez.

Así pues, machismo, sexismo, misogínia… Todo eso forma parte del poder sexista, que ha cimentado nuestras mentalidades, la de todos, hombres y mujeres, pertenezcan al sexo o a la cultura que pertenezcan y su empeño máximo es dominar, controlar a la mujer.
En el mundo occidental tenemos que luchar contra Aristóteles, contra Pablo de Tarso (el creador del cristianismo) y contra otros tantos autores que han defendido la inferioridad de la mujer respecto al hombre, hasta llegar a Kant y Nietzsche, los grandes difusores de la idea de que la mujer es un ser bello pero falto de inteligencia. Antaño se recurría al poder de la imagen esculpida o pintada para transmitir esa idea. Artistas como Matisse, Ingres y otros, utilizaban la imagen de la belleza de la mujer para controlarla, para inculcar que la única ambición de la mujer debía ser el esforzarse en conseguir ser bella, en responder a los cánones de belleza que se les imponía año tras año. Y hoy día continúan utilizándose las fotos y las películas con el mismo objetivo.
En el mundo oriental, en cambio, los empezinados en perpetuar el sistema sexista, utilizan el espacio para dominar a las mujeres prohibiéndolas, a través de la xara, la ley inspirada en el Corán, el acceso a los lugares públicos si no van tapadas. Y con todo, según las palabras de la socióloga magrebí Fatema Mernissi, ni los fanáticos extremistas más fervientes argumentan nunca que las mujeres sean inferiores a los hombresEs más, lo irónico, es que en Oriente, tierra de harenes, poligamia y velos, los musulmanes siempre han soñado, tanto en la literatura como en la pintura, con mujeres reivindicativas, decididas, incontrolables y expresivas. La Sherezade de “Las mil y una noches” ocupaba las fantasías de los árabes, mientras que los persas pintaban princesas aventureras como Shirin…
Los musulmanes, por tanto, siempre han reconocido la inteligencia y la capacidad intelectual de las mujeres mientras que en occidente, tradicionalmente, no han sido consideradas aptas para el pensamiento analítico o profundo. Por eso, la violencia para intentar controlar a la mujer es más visible en el mundo islámico que en el occidental, afirma Fatema Mernissi. En occidente, en cambio, la estrategia elegida para intentar dominar a las mujeres es más sutil que un burka o un velo. En el mundo occidental el arma utilizada contra las mujeres es equiparar juventud y belleza, y condenar la madurez, de la misma manera que la restricción de los espacios públicos es el arma utilizada en Oriente. El objetivo es idéntico en las dos culturas: hacer que las mujeres se sientan fuera de lugar, ineptas y feas… y así dominarlas.
Lo que propone exactamente Fatema Mernissi en su libro El Harem Occidental, es que dejemos de obsesionarnos por nuestro aspecto físico, teniendo en cuenta que actualmente el régimen alimenticio es el sedante político más potente de la historia de las mujeres. Y yo me inclino a pensar que también muchos hombres acaban siendo víctimas de obsesiones similares respecto a su aspecto físico, porque al fin y al cabo, a los poderosos también les interesa manipular a las grandes masas, pertenézcan éstas al sexo que pertenezcan.
Joumana Haddad, poetisa, traductora y periodista libanesa propone, a más a más, matar en nuestro interior al mito de Sherezade, porque está convencida de que es un mito que transmite un mensaje equivocado: No enseña resistencia y rebelión a las mujeres, tal y cómo se insinúa al discutir y analizar el personaje. En realidad, les enseña a hacer concesiones y a negociar con sus DERECHOS fundamentales. Las convence de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo, o lo que sea, es el modo de abrirse pado en la vida. ¿Y a eso lo llaman ingenio? ¿Y a eso lo llaman resistencia?
En su libro, Yo maté a Sherezade, Joumana Haddad afirma también que no deberíamos aceptar ser mujeres en espera, tanto si se trata de una ocasión, una oportunidad, un acontecimiento u, obviamente un hombre. Tenemos que levantarnos, acercarnos, extender la mano hacia lo que queremos y tomarlo. O, por lo menos intentarlo.

La questión es que pese a la resistencia, el ingenio y la rebeldía de tantas mujeres a lo largo del tiempo continua triunfando la mentalidad sexista, un sexismo que se ha ido extendiendo por todas las esferas de nuestras vidas desde hace siglos, con sus altos y bajos.
Lucía Etxebarria en su libro La Eva futura, propone acertadamente iniciar la deconstrucción de la masculinidad y la feminidad tradicionales puesto que el desigual ritmo de los perfiles de género está dificultando nuestras vidas, la de los hombres y las mujeres, nuestras relaciones y nuestras posibilidades para desarrollarnos como individuos libres.
Pero parece una tarea de titanes luchar contra el sexismo, tan arraigado está en la construcción mental de práticamente todas las sociedades, sobre todo en aquellas donde las religiones, ya sean politeistas o monoteistas continuan subsistiendo y manifestándose públicamente… Porque de hecho, todas las grandes religiones de hoy día son sexistas. Cualquier intento de querer interpretarlas en términos de igualdad sexual, dentro de lo que llaman teología feminista, estuvo y está condenado al fracaso. Es más, también las nuevas teologías que se están creando al margen de las grandes religiones que presumen de no ser sexistas e incluso se definen como feministas, están condenadas al fracaso.

La única solución pasará por la construcción de una nueva mentalidad que deje enterrada en el olvido a la mentalidad sexista y eso solo ocurrirá cuando quede obsoleta hasta la última manifestación pública de religiosidad monoteísta o politeista que pueda dejar nuestras mentes de nuevo entre penumbras. Porque la única manera de deconstruir la mentalidad sexista y crear una nueva mentalidad, pasa por abrir las mentes de cada uno de nosotros a todos los pensamientos, sean cuales sean, para ser capaces de analizarlos en profundidad e impedir que nadie pueda volver a manipularlos nunca más.

Autor: Maite Mateos