UNA INICIACIÓN A LA LECTURA ALGO PARTICULAR

Como a todas las madres me inquietaba el cómo inocular el placer por la lectura a mi hija y ya, en su más tierna infancia, le leía la más amplia colección de cuentos clásicos que pudiera encontrar para ella. Y me sorprendía que, pese a la amplia oferta de la que disponía, ella prefiriera que le leyera una y otra vez los mismos cuentos, los que más le gustaban. Así que hicimos un trato. Yo leía primero el cuento que ella prefería y luego le leía el que más me gustaba a mí, que siempre solía ser uno diferente. Como coleccionista de cuentos que soy, a mí me atraían desde los más etnográficos hasta las versiones más sofisticadas de los clásicos, como los cuentos de Madame D´Aulnoy, que lograron extasiarla. Y asimismo, juntas creamos nuestro primer cuento infantil, La magia de las vocales. Mientras yo escribía el texto, mi hija daba vida y color a las ilustraciones, también con mi ayuda, claro, aunque lo de ilustrar no era lo mío y por eso mismo, este cuento permanece por ahora, inédito. Cuando ya fue capaz de leer por sí misma los cuentos clásicos o no tan clásicos, adaptados a su edad, continuó con la tendencia a leer una y otra vez el mismo libro, su preferido, que resultó ser primero los Cuentos completos de Beatrix Potter, para seguirle en preferencia el de Pippi Langstrump y más tarde el de Miguel el travieso de Astrid Lindgren. También se dejó seducir por algunos de los libros de Geronimo Stilton, pero a mí estos no me convencían demasiado, de modo que le propuse continuar leyéndole yo otros libros que aún no le atraían tanto, debido al enorme volumen de sus páginas. Yo sabía que le gustaban las historias de brujas tanto como a mí, así que la seduje con la lectura de La guerra de las brujas de Maite Carranza. Cada día leíamos unas pocas páginas, hasta que acabamos los tres volúmenes de los que constaba la trilogía, que la dejaron totalmente fascinada.nina-leyendo-sola_1098-2048 Poco después comenzó a leer por sí misma la historia de La tierra profunda, una novela que yo escribí mientras estaba embarazada y con la que mi hija comparte el nombre del personaje principal, cosa que la deslumbraba. Seguidamente, descubrió y leyó prácticamente todos los libros de Laura Gallego, mientras yo le leía la trilogía de Philip Pullman sobre La materia oscura, que habíamos conocido tras ver la película de La brújula dorada. La historia de Lyra la encandiló completamente y cuando la acabamos leyó una y otra vez Alicia en el país de las maravillas, que le encantaba. Leímos juntas El principito y ella sola se lanzó entonces a leer Momo y La historia interminable de Michael Ende, los libros de Roald Dahl y La princesa y los trasgos de George McDonald. Releyó La tierra profunda una y otra vez y me pidió que escribiera una continuación, puesto que tenía más ganas de seguir leyendo nuevas aventuras de Wakan, el lobo blanco sagrado. Así fue como acabé escribiendo El abismo de Airon,  la segunda parte de La tierra profunda, que aún está pendiente de edición. Mientras tanto, mi hija se lanzó a la lectura de Las aventuras de  Tom Sawyer y Huckleberry Finn de Mark Twain,  libros que también releyó una y otra vez. Y no obstante, le costó acabar los libros de Heidi de Johanna Spyri y Mujercitas de Loise May Alcott que yo le insté a leer también. Prefería, mil veces antes, leer todos los libros de los Cinco o los Siete Secretos de Enid Blyton. Por aquel entonces comencé a escribir El memento fabulis o cuentos para niños que quieren pensar, con la idea de complementar todo lo que le explicaban en la escuela acerca de las fiestas tradicionales, donde le ofrecían una visión a mi gusto demasiado sesgada y localista, que difícilmente ayudaba a entender todos los porqués. Concebí El memento fabulis como una serie de cuentos enmarcados en el interior de una historia principal, la de Daniel, un niño que descubre un libro muy especial en la librería de su abuelo. A mi hija le encantaron los cuentos y la historia de Daniel. Y sin embargo, se mostró muy crítica con la parte más teórica o explicativa, que calificó de algo pesada, puesto que está más pensada para los padres. Por entonces apareció en el mercado editorial La puerta de los tres cerrojos, de Sonia Fernández-Vidal y como a mi hija le atraen mucho las ciencias, me instó a comprarlo. Y fue todo un acierto porque se convirtió de nuevo en otra de sus lecturas favoritas que leía una y otra vez, junto a Las toranas, la primera parte de La Tierra Profunda y El abismo de Airon, la segunda parte. Cayeron también en sus manos algunos libros del Pequeño vampiro de Angela Sommer-Bodenburg que leyó vorazmente y otros tantos de Josep Vallverdú, Sebastià Sorribas o Dolors García Cornellà. Hasta que descubrió los libros sobre Percy Jackson y los dioses del Olimpo de Rick Riordan, que la absorbieron completamente. De poco ha servido que la animara también a leer los libros de Harry Potter de los que no quiere saber nada. Dice que con las películas ya ha tenido suficiente y que le gusta mucho más la nueva colección que ha empezado de Riordan sobre Magnus Chase y los dioses de Asgard o la saga del corredor del laberinto de James Dashner, que está leyendo actualmente. Con estos libros de gran actualidad, de aventuras trepidantes y héroes hiperactivos, difícilmente pueden competir clásicos como Julio Verne o Robert Louis Stevenson. Pero todo llegará. Solo tiene trece años y de momento, para que no olvide también que hay algo más que los héroes de moda, estamos leyendo juntas La princesa prometida, de William Goldman.

Autor: Maite Mateos

REGRESANDO AL PUNTO CERO / RENOMBRANDO AL MACHISMO

Machismo es una expresión derivada de la palabra macho y por eso hay quien tiende a identificar la palabra machismo, única y exclusivamente con los hombres. Lo mismo ocurre con la palabra patriarcado.
Pero machismo o patriarcado no son sinónimos de macho, hombre o padre, sino que es una manera de pensar, una ideología que tenemos todos en mayor o menor medida grabada a fuego en lo más hondo de nuestras mentes que incluye un conjunto de conductas, creencias, actitudes y prácticas sociales que tienen como objeto la dominación y la negación de aquello que es diferente y especialmente ataca a la mujer como persona (entre otras colectividades).
El machismo o sexismo es una actitud de prepotencia, un deseo de dominio, de control y no duda en utilizar la violencia para conquistar e imponerse. Por tanto, el machismo no es una actitud exclusiva de los hombres. También las mujeres tienen comportamientos y actitudes machistas. También las mujeres son capaces de utilizar la violencia para satisfacer su deseo  de dominio respecto al género que sea.
Muchos rechazan el tema de la violencia de género contra las mujeres argumentando que también existen muchos hombres víctimas de la violencia por parte de sus parejas o familiares más cercanos, que resultan ser mujeres. Y sí, existen hombres víctimas de la violencia sexista. Y no voy a entrar en si se dan más casos de violencia de un género respecto a otro. Lo importante es aceptar la idea de que un hombre puede ser víctima de la violencia de una mujer y superar la percepción machista de que un hombre solo puede ser, por definición, un sujeto fuerte y dominante. Rompamos con esos arquetipos y romperemos también con el sexismo y con la idea errónea de que el antónimo opuesto al machismo es el feminismo.
La realidad es que la palabra opuesta a la misoginia o al machismo es misandria (aunque haya algunos que últimamente hayan inventado vocablos más vulgares como hembrismo o feminazi). La misandria se define como el odio o aversión hacia los varones, algo que en realidad está muy alejado del feminismo.NawalElSaadawi_MujerEnPuntoCero El feminismo no es odio y aversión a los hombres, sino que es un movimiento de protesta que tiene como objeto el cuestionar la dominación de unas personas respecto a las otras y especialmente de un sexo, el del hombre respecto a la mujer, porque es una evidencia que históricamente, ciertas personas, por el hecho de ser mujeres, han sido dominadas, abusadas, discriminadas y anuladas como personas. Eso es lo mismo que experimentó la Firdaus, un personaje de la novela de Nawal El Saadawi, Mujer en punto cero, publicada en 1983 y que hoy día es considerada como uno de los puntales del feminismo. El personaje de la Firdaus está inspirado en una mujer real que optó por responder con violencia a la violencia que estaban ejerciendo sobre ella. Pero no debe entenderse la novela como una justificación de la violencia, ni siquiera de la prostitución, por mucho que se afirme en ella, siguiendo las palabras de la Firdaus que “su oficio lo habían inventado los hombres, los hombres son quienes controlan nuestros dos mundos, el de la tierra y el cielo. Los hombres obligan a las mujeres a vender su cuerpo a un precio, y el precio más bajo de todos es el de las esposas. Todas las mujeres son prostitutas de una manera u otra. Yo, como era inteligente, prefería ser una prostituta libre a ser una esposa esclavizada. Cada vez que entregaba mi cuerpo, cobraba el precio más alto”.
La novela debe entenderse como un camino hacia la reflexión. La Firdaus, cuando al fin vuelve a experimentar el abuso y el dominio sobre ella, por parte de un proxeneta, reacciona matando a ese proxeneta. Utiliza la violencia. Ella se justifica diciendo que no ha matado con la navaja sino con la verdad. Ella acepta el hecho de que la deban ejecutar por ello, por la violencia ejercida, pero sabe que en el fondo no es esa la causa de su eminente ejecución. Afirma que “cuando maté lo hice con la verdad, no con una navaja. Por eso tienen miedo y prisa por ejecutarme. No es la navaja a lo que temen, sino a la verdad. Esa verdad tan terrible me da una gran fuerza. Me protege del miedo a la muerte, a la vida, al hambre, a la desnudez o a la destrucción. Es esa verdad terrible lo que me impide tener miedo de la brutalidad de los gobernantes y de los policías”.
Una verdad que está reflejada en una cancioncilla que la Firdaus disfruta tarareando:

No espero nada,
no quiero nada,
no temo nada,
soy libre.

Hemos de entender pues, que haya quien reaccione con violencia si se le pone al límite de sus fuerzas y de la pérdida de su libertad, como le ocurre a la Firdaus, ya sea hombre o mujer, pero todos deberíamos luchar por erradicarla de nuestras vidas. Deberíamos luchar contra la violencia, el dominio y la discriminación de unos sobre otros. Y eso es lo que es el machismo, violencia, dominio y discriminación de unos sobre otros.
Hay quienes se sienten aludidos y atacados cuando se habla de machismo y  responden vanagloriándose de sentirse moderadamente machistas,  cayendo en el error de identificar una y otra vez la palabra machista con la palabra macho o varón, sintiéndose orgullosos de responder a los arquetipos de lo que se entiende por ser muy macho, muy viril, que no hace otra cosa que enmascarar sus miedos a ser tachados de débiles. Prefieren ser considerados machistas si eso les devuelve en el espejo la idea o el reflejo de lo que creen  que deben ser, fuertes y dominantes. Es como un círculo vicioso.
No obstante entiendo que se sientan atacados y lo entiendo porque algo similar sentimos algunos al oír el término de feminazi, que recuerda a la palabra feminismo y puede tomarse equivocadamente como un ataque al feminismo, visto erróneamente como misandria. Y ya va siendo hora de que superemos esas nociones equivocadas. Por eso es necesario reescribirlas y tal vez hallar nuevas palabras (como la palabra sexismo) con las que nombrarlas.

Autor: Maite Mateos

CALEIDOSCOPIO DE REFLEXIONES

Podría parecer y parece que el único tema que me preocupa últimamente es el del papel de la mujer en el mundo, en la historia, en la literatura. Tal vez eso es lo que más aparece reflejado en mis lecturas, en mis publicaciones y en las publicaciones de otros que comparto en mi muro de Facebook. Y sí, es un tema que me preocupa y mucho, hasta el punto que algunos pueden llegar a considerarme una feminista fundamentalista en la misma medida en la que yo podría llegar a considerarles unos machistas fundamentalistas. Y por ese camino vamos mal si queremos llegar a entendernos todos y convivir en armonía, al menos.

caleidoscopio

Pero la realidad es que también me interesan muchos otros temas, por supuesto, aunque no los comparta de manera tan frecuente ni en mi  blog ni en mi muro de Facebook. Y la razón es que aún no he encontrado la manera de comunicar cuales pueden ser esos múltiples intereses sin caer en el bombardeo excesivo de las redes que solo logran bloquearme o enojarme si apelan en exceso a la emotividad o caen en la frivolidad o el atontamiento. Y yo quiero huir precisamente de caer en ese mismo error. No quiero publicar nada que pueda provocar esas mismas sensaciones en los demás. Y la peor de todas es la sensación de estar perdiendo el tiempo con absurdidades en esa búsqueda, a menudo infructuosa, de reflexiones realmente enriquecedoras. Porque de temas interesantes hay muchos, pero la manera de abordarlos no siempre se me antojan atractivos ni efectivos.

Por ejemplo, me inquieta mucho el tema de la sostenibilidad del planeta en que vivimos. Resulta extremadamente preocupante escuchar en la radio o leer en las redes que el hielo de Groenlandia se está deshaciendo y que o se hace algo ahora al respecto o ya no habrá nada que hacer en el futuro y el mundo se irá irremediablemente a la mierda. Y ese algo que se puede hacer ¿de quién depende? ¿De los que ostentan el poder, como el insensato de Trump o el impresentable de Rajoy? ¿De los intereses de los grandes “lobbies” y empresas de todo el mundo? Pues estamos apañados. Si queremos creer que solo depende de ellos y que cada uno de nosotros nada puede hacer estamos perdidos. Pero, ¿y si cada uno de nosotros se parara a pensar que una cadena de decisiones individuales podría cambiar muchas cosas? Podríamos determinar el no viajar en avión a no ser que sea estrictamente necesario, o prescindir de secadoras, aires acondicionados, microondas, tostadoras, etc. Podríamos no contratar los servicios de compañías energéticas sucias y peligrosas como las centrales nucleares o las térmicas. Hay alternativas como instalar placas fotovoltaicas, contratar los servicios de compañías con garantías de que generen energías totalmente limpias. Podríamos usar el coche solo lo estrictamente necesario o prescindir de él si es posible. Podríamos dedicar nuestro ocio a realizar viajes a pie, en bicicleta, a caballo, en carro. Sí, podríamos recuperar el transporte de tracción animal y dejar de pensar que tener un caballo es un privilegio exclusivo de las clases más pudientes de la sociedad, al igual que los veleros. Podríamos dejar de realizar cruceros altamente contaminantes y cargarnos de auténtica energía con el turismo de proximidad y el turismo limpio y ecológico. Fomentemos las rutas de largo recorrido a caballo o en carro. Dejemos de usar tractores y volvamos a los arados de tracción animal. Tantas cosas se podrían hacer surgidas de la iniciativa individual…

Habrá quien diga que soy una ilusa romántica y que a saber qué aplico yo de todo esto en mi vida diaria, pero puedo contestarle que yo tengo placas fotovoltaicas instaladas en casa y no estoy conectada a ninguna empresa que me suministre energía adicional, por tanto no utilizo plancha, ni secadora de pelo, ni microondas, ni aire acondicionado, etc. Se puede vivir la mar de bien si todo eso. En cambio, disfruto de dos hermosos caballos y eso que no tengo ni un duro. Los cuido yo misma, en casa, y si estuviera más favorecido el desplazamiento en tracción animal por carretera incluso podría conseguir un carrito y prescindir de mi único coche, que utilizo lo mínimo indispensable. Claro que sería genial que ya hubiera coches eléctricos que se fabricaran y alimentaran exclusivamente con energías limpias y que pudieran cargarse con placas fotovoltaicas y fueran asequibles para aquellos que solo pueden aspirar a comprarse un coche de segunda mano, pero eso aún es ciencia ficción.

Estoy harta de limitarme a firmar las incontables peticiones de apoyo a numerosas causas y que luego me pidan además apoyo financiero o movilización ciudadana instándome a que me reúna con colectivos preocupados por los mismos temas que me preocupan a mí, como si yo fuera una millonaria que pudiera poner mi tiempo y el dinero que no tengo a disposición de unas causas para lo que lo único que se necesita es una movilización individual, una toma de conciencia individual.

Está claro que existen otros problemas relacionados con el medio ambiente que no he mencionado, igualmente preocupantes, como es el tema de la localización y la necesidad o no de incineradoras, la gestión y elección de embalajes respetuosos con la naturaleza, la gestión de los residuos, la contaminación y la gestión del agua, las presas innecesarias que secan los ríos, la elección de lo que comemos dictado por los intereses de la agricultura y la ganadería intensiva o por las limitaciones de nuestros precarios recursos económicos, el abuso de pesticidas, venenos y fármacos en los que cae hasta el más humilde productor agrícola o ganadero temeroso de no ser tan competitivo como el que más…

Los temas son múltiples y variados, por mucho que a veces estén interrelacionados y me siento incapaz de abarcarlos todos por su complejidad. Y con todo, pienso que la clave para comenzar a resolverlos continua estando en la cadena de decisiones personales, en el pensamiento libre de las presiones del mercado y de las manipulaciones de los poderosos. La reflexión constante es la que nos conducirá a buscar soluciones y si es necesario a crear núcleos de presión efectivos sobre aquellos cuyas ambiciones desmesuradas no respetan ni a la naturaleza ni a sus congéneres.

De modo que aparcaré los problemas medioambientales y me centraré en otros temas igual de complejos, como el de los refugiados climáticos o de guerra y la apertura de fronteras, que es asimismo inquietante y da mucho que pensar ¿Realmente podemos creer que la solución está en una simple apertura de fronteras? A todos no los podemos acoger por mucho que lo ideal sería que las fronteras ni siquiera existieran para nadie en ningún sitio. Pero existen, igual que lo ideal sería que nadie se viera obligado a abandonar su casa por ninguna razón y con todo, hay gente que no tiene más remedio que hacerlo. ¿A quién acogemos? ¿Damos prioridad a unos y discriminamos a otros? Este tema sí que requiere una verdadera presión colectiva para que se solucionen los conflictos desde su mismo punto de origen, sin poner parches con acogidas al servicio de intereses políticos que solo sirven para limpiar conciencias.

Me preocupa también el tema de los numerosos peligros que acechan a la infancia y la adolescencia, especialmente a través de las nuevas tecnologías ¿si ni los padres estamos demostrando ser lo suficientemente responsables con el uso de las tecnologías, cómo esperamos que lo sean nuestros hijos? Ponemos en sus manos unas herramientas para mejorar las comunicaciones y solo conseguimos empeorarlas. Los adolescentes se refugian y encierran en sus círculos de amistades con conversaciones vacías y un lenguaje cada vez más empobrecido y se lo permitimos a pesar de que ni nos respetan ni se interesan demasiado en comunicarse con los adultos a no ser que sea para conseguir algo de nosotros. No vamos bien si los padres no somos capaces de pararles los pies a nuestros hijos. La educación debería ser responsabilidad de los más aptos y los más aptos a menudo no son precisamente los padres. Por eso se debería aceptar siempre la ayuda de todos, de los tíos, de los abuelos, de los profesores…

Y me inquieta mucho el tema de los miedos, el miedo como herramienta para dominar al otro. De los miedos han surgido las religiones y el patriarcado. Pero ahora quiero centrarme en el tema de las religiones y dejar algo aparcado el del patriarcado. La curiosidad por hallar ciertas respuestas a enigmas como la creación del universo o la muerte despiertan en algunos, en muchos, miedos y temores y hay quien avispadamente ha sabido avivarlos y aplacarlos con imaginativas ficciones que aparentemente ofrecían respuestas, a partir de las cuales establecían un credo y una fe. Ese credo y esa fe se han utilizado para conducir a muchas personas a cometer atrocidades con la excusa de que también pueden conducir a hacer el bien. Pero hagan el bien o el mal, los que ostentan la fe lo único que están haciendo es poner sus miedos al servicio de los intereses de alguien, sea quien sea ese alguien: budismo, cristianismo, jainismo, judaísmo, hinduismo, islamismo y todos los –ismos habidos y por haber. Incluso aquellos que afirman conservar una fe por simple inercia, sin confiar ya en ninguna iglesia, continúan presos de sus miedos y los miedos paralizan y esclavizan el pensamiento.

Cuando Slava Mukhanov, al abordar el tema de la creación del universo desde la perspectiva científica pide humildad  lo único que está haciendo es pedir que se perpetúe el sentimiento de temor, de miedo ante las grandes incógnitas. En cambio admiro a Stephen Hawking cuando al abordar el mismo tema afirma que dios ya no es necesario. El mundo fue creado de la nada absoluta afirma él ¿por qué sentir miedo ante eso? Luchemos contra nuestros miedos.

Autor: Maite Mateos

Más bagaje lector

En la novela “La casa de las miniaturas”, Jessie Burton reflexiona sobre lo que significa ser miniaturistauna mujer  más allá de su mera función de reproductora, de su papel como esposa. A través de la moda de las casas de miniaturas entre la clase pudiente de la ciudad de Ámsterdam del siglo XVII, la miniaturista, un personaje esencial de la novela, intentará despertar una nueva conciencia de lo que significa eso mismo, ser una mujer, ser una persona, al margen del sexo, la raza y la posición social. Y lo hará penetrando en el alma de sus clientas a través de las reproducciones en miniatura del mundo interior que viven en sus casas a escala real, desconcertándolas…
De manera diferente trata Fay Weldon el mismo tema en su novela satírica “Vida y Amores de una Maligna”:
Despójate de la esposa, de la madre, encuentra a la mujer y ahí tienes a la maligna.Vida-y-amores-de-una-Maligna-i1n114086
Esta es la conclusión a la que llega el personaje principal de la novela, Ruth, después de ser despechada por su marido Bobbo, que la engaña flagrantemente con otras mujeres.
Pero ser una maligna no tiene por qué ser la única opción que le quede a una mujer que opte por despojarse de la esposa y de la madre, por muy frustrada que se sienta.

Tal vez sea cierto que ser buena es la maldición de la hembra de la especie, como afirma  uno de los personajes principales de la novela de Erica Jong, “Bendita Memoria”, bendita memoriapero en realidad, lo que quieren decir Weldon y Jong con sus novelas, no es que las mujeres deban ser realmente malignas, perversas o realmente malas, sino que han de buscarse a sí mismas lo más lejos posible de los patrones que tradicionalmente se les ha asignado, los patrones de la pasividad, la dulzura, la paciencia, etc.
Sí, es difícil, muy difícil ser mujer, porque en realidad no sabes en qué consiste ni quieres asumir lo que la tradición exige. Mejor no ser nada para poder serlo todo.
Esta es toda una invitación a la reflexión por parte de Rosa Montero reflejada en su obra “La ridícula idea de no volver a verte”, donde expone que también los hombres se encuentran ante la misma vicisitud, ante la misma encrucijada de lo que significa ser un hombre cuando no se quiere asumir lo que la tradición exige. Pero afirma que ese es un tema del que deben preocuparse ellos, si es que les preocupa. Porque para la mayoría de los hombres y las mujeres lo más fácil es asumir lo que la tradición exige y no romperse demasiado la cabeza, por mucho que eso pueda acabar destrozándoles interior o exteriormente, en un sentido u otro.
En todo caso, si uno se resiste a seguir el camino fácil y rebelarse ante lo que la tradición exige mejor no ser nada para poder serlo todo… ¿Y cómo conseguirlo? ¿Cómo lograr serlo todo, compañera, madre, hija, hermana y mujer sin ser excesivamente exigentes con todo el mundo, con nosotras mismas, sin abandonar nuestros sueños, sin renunciar a nada, ni acabar apareciendo como una maligna o una amargada ante la mirada de los otros?
A todas las hijas se les enseña a culpar a la madre y a exonerar al padre. Así es como ellos mantienen el poder, defiende el personaje de Sarah Sofía en “Bendita Memoria” de Erica Jong.
Y con culpar a la madre se entiende culpar a todas las mujeres, siempre a la otra, mientras que se tiende a eximir al padre, al hombre, de todo. Porque pensamos que ellos, genéricamente, son mentalmente más débiles y manipulables. Y así lo expresa Rosa Montero en “La ridícula idea de no volver a verte”Rosa Montero
(···) En cualquier caso, nosotras les creemos débiles y les tratamos, por consiguiente, con unos miramientos y una sobreprotección alucinantes. Tal vez sea cosa del instinto maternal, que es una pulsión sin duda poderosa, pero el caso es que a menudo mimamos a los hombres como si fueran niños y mantenemos un cuidado exquisito para no herir su orgullo, su autoestima, su frágil vanidad. Nos parecen inmaduros, precarios, infinitamente necesitados de atención, admiración y aplauso (···) En fin, es posible que la debilidad que creemos apreciar en ellos no sea más que un espejismo; puede que nos fuera a todos mucho mejor si dejáramos de sobreprotegerlos.
En todo caso, ahora por ahora, la culpa será siempre de nosotras, siempre de la mujer, una culpabilidad socialmente inducida por atreverte a seguir tus deseos, por descuidar tus obligaciones de mujer. Culpabilidad por ser mala hija, mala hermana, mala esposa, mala madre ¿hasta cuándo? Tal vez hasta el día que superemos esa barrera mental y dejemos de enfrentarnos las unas a las otras y sobre todo dejemos de enfrentarnos con nosotras mismas.  Así lo expresa Erica Jong en “Bendita Memoria”:
Si alguna vez las madres y las hijas se unieran, ¡todo cambiaría! Sin embargo, nos enfrentamos las unas a las otras y los papás siguen libres como jefes capitalistas.

Autor: Maite Mateos

Lo más valioso y secreto de un bagaje lector

Escribir sobre mis lecturas más recientes o no tan recientes como autor o aspirante a autor  me cuesta… Seguramente porque, como afirma Luis Landero en su última obra ¨El balcón en invierno¨: En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estético y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural.

Exactamente por esobooktrunk me cuesta, porque se trata de revelar lo más valioso y secreto de mi bagaje lector, de mi modo de ser y de sentir… Violenta demasiado mi natural reservado, por no llamarlo timidez o vergüenza, o lo que sea. Con todo, quiero obligarme a hacerlo como un ejercicio más de escritura, de una escritura más abierta que complemente a aquella otra escritura que queda limitada a las fronteras de la novela, de la poesía, de los relatos o de los “libros de pensamientos” más íntimos. Una escritura que, al fin y al cabo, han practicado innumerables autores a lo largo de la historia.

Pero, ¿Por dónde empezar? Quizá por las reflexiones que Salman Rushdie vuelca en los personajes de su última gran novela “Dos años, ocho meses y veintiocho noches”: Ve adonde el orgullo del hombre está inflado, allí donde el hombre se cree a sí mismo un dios, arrasa sus arsenales y sus antros de perdición, sus templos a la tecnología, el conocimiento y la riqueza. Ve también a esos lugares sentimentales donde se dice que dios es amor. Ve y enséñales la verdad.
Menudo reto hoy día. Enseñar la verdad ¿Qué es la verdad? Algo que solo se puede alcanzar a través de una mente abierta, o mejor dicho, de una mente esforzada, trabajada, que carezca de fronteras o diques de contención. Una mente que ha de permanecer abierta a las controversias porque: la idea misma de una disputa es una herramienta para mejorar la mente, la más afilada de todas las herramientas, nacida del amor al conocimiento, es decir, de la filosofía.

E insisto en que esto es todo un reto en un mundo en el que toda información se nos presenta actualmente en una red virtual desbordada, ahora inaccesible o manipulada, al servicio siempre de los más poderosos, un mundo embriagado de palabras vacías volcadas en mil y una tertulias vanas, en mil y un libros publicados bajo la dictadura del mercado, donde resulta complejo separar el trigo de la paja, si es que se separa. Pero la lectura de los libros de Salman Rusdhie es siempre estimulante para el pensamiento, como interesantes son las obras de Javier Marías, impregnadas siempre de un lenguaje tan elevado e intelectualizado que casi parece increíble puesto en boca de todos sus personajes, de modo que desearías que fueran reales, que todo el mundo fuera capaz de hablar de esa manera, a modo de discursos más o menos introspectivos, más o menos profundos. Aunque debo reconocer que ya me empieza a cansar la aparición del profesor Rico en prácticamente todas sus obras, y una vez más en su última novela “Así empieza lo malo”,  por mucho que tenga su gracia el que esté inspirado en un personaje real que, por cierto, yo también he conocido presencialmente. El profesor Rico fue un profesor mío en la facultad y es cierto que es tan pedante y tan amante de intimidar a sus estudiantes como lo describe Marías.

Igual de fascinante resulta el lenguaje arcaizante de las últimas novelas de Andres Trapiello que recrean la figura de Don Quijote a modo de homenaje al mundo cervantino. Se trata de “Al morir Don Quijote” y “El final de Sancho Panza y otras suertes”. Se me antoja extremadamente estimulante esa lluvia incansable de palabras desusadas, tan añejas que sin embargo, logran introducirnos tan acertadamente en ese universo literario tan excepcional de los tiempos de Cervantes.

Con todo, tal y como afirma Doris Lessing en “El cuaderno dorado”: Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente esos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forma parte de una moda o un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte años o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años o viceversa.

Autor: Maite Mateos

La eterna querella… Contra el sexismo

Maruja Torres explica en su libro Mujer en Guerra que durante una entrevista o conversación que mantuvo con Doris Lesing, autora de El Cuaderno Dorado y Premio Nobel de literatura, ésta afirmó lo siguiente: yo siento un gran respeto hacia las mujeres que no se detienen, que luchan, que siguen adelante, pero desprecio a las que solo saben quejarse y hablar. Y Maruja Torres acaba comentando: santas palabras. Si las mujeres abandonáramos el victimismo y el resentimiento y dedicáramos el tiempo de la queja a la plena realización personal, avanzaríamos considerablemente en nuestra lucha.
Pero, ¿Eso bastaría? ¿Es todo una mera cuestión de conseguir realizarse personalmente, si es que las circunstancias que vive cada una lo permiten? Yo estoy convencida de que el tema es mucho más complejo que eso, o peor aún, pienso que aún es más detestable el caso de aquellas mujeres que ni siquiera se quejan, ni les preocupa el tema de la opresión sexista en la que continuamos todas inmersas, hayamos conseguido realizarnos personalmente o no. Seguramente se debe a que esas mujeres han logrado beneficiarse económicamente de ese sistema que a la mayoría nos oprime o bien han conseguido subir algunos o muchos escalafones en la lucha por el poder, pero se trata, no lo olvidemos, del poder patriarcal. Y algunos aún tendrán la desfachatez de preguntarse ¿Qué quiere decir con eso del poder patriarcal? Porque creerán que estoy confundiéndo e identificando a los hombres con el concepto de poder patriarcal y la realidad es bien distinta. Yo coincido con la también Premio Nobel de literatura, Elfriede Jelinek cuando afirma: yo no lucho contra los hombres, sino contra el sistema, que es sexista.
La pregunta clave tal vez sería ¿Cuándo, cómo y porqué se ininició el sistema sexista o patriarcal? ¿Ha existido alguna vez un sistema que no sea sexista? El sexismo se ha implantado en todo el mundo, cierto, hasta en el más remoto rincón de la Tierra, pero también es igual de cierto que existen pequeños reductos sociales repartidos aquí y allá donde el sistema no es en absoluto sexista. Están siendo profusamente estudiados por destacados antropólogos que utilizan términos como matrilinealidad o matrilocalidad para definirlos e intentan escapar del concepto de matriarcado, demasiado criticado en según que ámbitos, puesto que da lugar a confusiones conceptuales. Intentan huir de esas ideas asociativas tan perjudiciales que identifican al matriarcado con el dominio de las mujeres sobre los hombres… aunque eso esté muy alejado de la realidad.
Anne Baring, psicoanalista y Jules Cashford, experta en mitología y folklore, después de analizar un gran número de imágenes de diosas mitológicas de diferentes civilizacionnes, desde el paleolítico hasta las diversas representaciones de la virgen María contemporáneas, descubrieron paralelismos entre culturas supuestamente inconexas y esos paralelismos los resumieron bajo lo que llamaron principio femenino pero que quizá sea más acertado llamar mentalidad primigenia, una mentalidad primigenia hoy desaparecida, en la que existía una integración entre los sexos, una relación entre lo manifiesto con lo no manifiesto, entre lo visible y lo invisible, donde la muerte no era el final, sino una mera fase de un ciclo mayor, al igual que entendían la luna como algo que formaba parte de un ciclo de renovación continua que englobaba el renacimiento y la transformación, donde se aceptaban los aspectos más luminosos y más oscuros de la variada realidad que es la vida. Entendían, también, que formaban parte de la naturaleza como un todo y la muerte era necesaria para renovar la vida.
Pero esta mentalidad primigenia, llegado un momento en la historia fue desapareciendo para dar paso al sexismo, una nueva mentalidad con una visión de la muerte como final absoluto y opuesto a la vida, como algo espeluznante, despiadado y carente de promesas de renacimiento. La naturaleza y la luna, identificada con la mujer, quedó relegada a la oscuridad, a lo malo, mientras que comenzaron a identificar al sol con la masculinidad, con lo bueno y lo noble, con la heroicidad. Los nuevos dioses que fueron surgiendo a partir de esa nueva mentalidad fueron adquiriendo todos ese cariz, relegando a un segundo plano a los anteriores, identificados desde entonces con las fuerzas más tenebrosas y oscuras de la naturaleza. Ante el creciente miedo a la muerte fue surgiendo la necesidad de alcanzar la inmortalidad durante la vida y es así como se iniciaron las grandes religiones monoteístas, donde un único dios era el único creador de todo, un dios que prometía la “vida eterna”. Se impuso desde entonces la idea de que el dios, el espíritu, siempre masculino, es el creador de la naturaleza y no la naturaleza la creadora del espíritu.
Resulta muy interesante esta aportación de Jules Cashford y Anne Baring al análisis del tema y genera una vez más preguntas como ésta ¿Por qué desapareció esa mentalidad primigenia, que solo pervive en algunas manifestaciones materiales del pasado, en retazos de los relatos mitológicos y literarios y en algunas sociedades matrilienales desperdigadas por el mundo de hoy?
Y cuando hablo de mentalidades ha de quedar claro que éstas no deben identificarse con el concepto de religión. Las mentalidades pueden dar lugar a las religiones, de hecho, las mentalidades están muy estrechamente ligadas con las religiones pero, las mentalidades no son religiones.
Y prefiero utilizar el concepto de mentalidad primigenia porque resulta molesta la reacción de algunos hombres que creen que cuando estás hablando de principio femenino, feminismo o matriarcado estás diciendo que todo lo relativo a las mujeres es bueno mientras que cuando estás hablando de patriarcado creen que les estás atacando en cuanto a hombres, atribuyendo todo lo malo a los hombres en general, cuando en realidad estamos hablando solo de personas sexistas. Sencillamentte, una persona, por el hecho de ser de sexo masculino no tendría porqué identificarse con lo patriarcal o con el sexismo, que es lo mismo.
El problema es que, aunque la mentalidad primigenia no está identificada exclusivamente con las mujeres, la mentalidad patriarcal si está identificada exclusivamente con los hombres, aunque incluya a hombres y mujeres que pretenden dominar política, económica y socialmente a todo aquel que se oponga a su nueva construcción mental, sea hombre o mujer, pero en especial ha atacado y ataca al sexo femenino, atribuyéndole todo lo malo, lo sucio, lo débil y lo abyecto. No es de extrañar pues que muchas mujeres reaccionen de alguna manera ante tanto oprobio.
Hablemos pues de mentalidad sexista definitivamente y superemos el concepto de patriarcado de una vez.

Así pues, machismo, sexismo, misogínia… Todo eso forma parte del poder sexista, que ha cimentado nuestras mentalidades, la de todos, hombres y mujeres, pertenezcan al sexo o a la cultura que pertenezcan y su empeño máximo es dominar, controlar a la mujer.
En el mundo occidental tenemos que luchar contra Aristóteles, contra Pablo de Tarso (el creador del cristianismo) y contra otros tantos autores que han defendido la inferioridad de la mujer respecto al hombre, hasta llegar a Kant y Nietzsche, los grandes difusores de la idea de que la mujer es un ser bello pero falto de inteligencia. Antaño se recurría al poder de la imagen esculpida o pintada para transmitir esa idea. Artistas como Matisse, Ingres y otros, utilizaban la imagen de la belleza de la mujer para controlarla, para inculcar que la única ambición de la mujer debía ser el esforzarse en conseguir ser bella, en responder a los cánones de belleza que se les imponía año tras año. Y hoy día continúan utilizándose las fotos y las películas con el mismo objetivo.
En el mundo oriental, en cambio, los empezinados en perpetuar el sistema sexista, utilizan el espacio para dominar a las mujeres prohibiéndolas, a través de la xara, la ley inspirada en el Corán, el acceso a los lugares públicos si no van tapadas. Y con todo, según las palabras de la socióloga magrebí Fatema Mernissi, ni los fanáticos extremistas más fervientes argumentan nunca que las mujeres sean inferiores a los hombresEs más, lo irónico, es que en Oriente, tierra de harenes, poligamia y velos, los musulmanes siempre han soñado, tanto en la literatura como en la pintura, con mujeres reivindicativas, decididas, incontrolables y expresivas. La Sherezade de “Las mil y una noches” ocupaba las fantasías de los árabes, mientras que los persas pintaban princesas aventureras como Shirin…
Los musulmanes, por tanto, siempre han reconocido la inteligencia y la capacidad intelectual de las mujeres mientras que en occidente, tradicionalmente, no han sido consideradas aptas para el pensamiento analítico o profundo. Por eso, la violencia para intentar controlar a la mujer es más visible en el mundo islámico que en el occidental, afirma Fatema Mernissi. En occidente, en cambio, la estrategia elegida para intentar dominar a las mujeres es más sutil que un burka o un velo. En el mundo occidental el arma utilizada contra las mujeres es equiparar juventud y belleza, y condenar la madurez, de la misma manera que la restricción de los espacios públicos es el arma utilizada en Oriente. El objetivo es idéntico en las dos culturas: hacer que las mujeres se sientan fuera de lugar, ineptas y feas… y así dominarlas.
Lo que propone exactamente Fatema Mernissi en su libro El Harem Occidental, es que dejemos de obsesionarnos por nuestro aspecto físico, teniendo en cuenta que actualmente el régimen alimenticio es el sedante político más potente de la historia de las mujeres. Y yo me inclino a pensar que también muchos hombres acaban siendo víctimas de obsesiones similares respecto a su aspecto físico, porque al fin y al cabo, a los poderosos también les interesa manipular a las grandes masas, pertenézcan éstas al sexo que pertenezcan.
Joumana Haddad, poetisa, traductora y periodista libanesa propone, a más a más, matar en nuestro interior al mito de Sherezade, porque está convencida de que es un mito que transmite un mensaje equivocado: No enseña resistencia y rebelión a las mujeres, tal y cómo se insinúa al discutir y analizar el personaje. En realidad, les enseña a hacer concesiones y a negociar con sus DERECHOS fundamentales. Las convence de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo, o lo que sea, es el modo de abrirse pado en la vida. ¿Y a eso lo llaman ingenio? ¿Y a eso lo llaman resistencia?
En su libro, Yo maté a Sherezade, Joumana Haddad afirma también que no deberíamos aceptar ser mujeres en espera, tanto si se trata de una ocasión, una oportunidad, un acontecimiento u, obviamente un hombre. Tenemos que levantarnos, acercarnos, extender la mano hacia lo que queremos y tomarlo. O, por lo menos intentarlo.

La questión es que pese a la resistencia, el ingenio y la rebeldía de tantas mujeres a lo largo del tiempo continua triunfando la mentalidad sexista, un sexismo que se ha ido extendiendo por todas las esferas de nuestras vidas desde hace siglos, con sus altos y bajos.
Lucía Etxebarria en su libro La Eva futura, propone acertadamente iniciar la deconstrucción de la masculinidad y la feminidad tradicionales puesto que el desigual ritmo de los perfiles de género está dificultando nuestras vidas, la de los hombres y las mujeres, nuestras relaciones y nuestras posibilidades para desarrollarnos como individuos libres.
Pero parece una tarea de titanes luchar contra el sexismo, tan arraigado está en la construcción mental de práticamente todas las sociedades, sobre todo en aquellas donde las religiones, ya sean politeistas o monoteistas continuan subsistiendo y manifestándose públicamente… Porque de hecho, todas las grandes religiones de hoy día son sexistas. Cualquier intento de querer interpretarlas en términos de igualdad sexual, dentro de lo que llaman teología feminista, estuvo y está condenado al fracaso. Es más, también las nuevas teologías que se están creando al margen de las grandes religiones que presumen de no ser sexistas e incluso se definen como feministas, están condenadas al fracaso.

La única solución pasará por la construcción de una nueva mentalidad que deje enterrada en el olvido a la mentalidad sexista y eso solo ocurrirá cuando quede obsoleta hasta la última manifestación pública de religiosidad monoteísta o politeista que pueda dejar nuestras mentes de nuevo entre penumbras. Porque la única manera de deconstruir la mentalidad sexista y crear una nueva mentalidad, pasa por abrir las mentes de cada uno de nosotros a todos los pensamientos, sean cuales sean, para ser capaces de analizarlos en profundidad e impedir que nadie pueda volver a manipularlos nunca más.

Autor: Maite Mateos