VIDAS DE SUEÑOS PERDIDOS

II

Yo era la mayor de siete hermanos. Presenta, Paquita, Fuensanta, Esperanza, Salustiano, Pedro y yo, María. Juntos acudíamos a la escuela de Mazarrón y compartíamos el aula junto a otros muchos chiquillos de distintas edades. El profesor a duras penas podía imponer un ritmo adecuado de estudios. Muchos eran los que abandonaban su educación antes de cumplir siquiera los catorce años para embarcarse en la aventura de la vida. Sin embargo, mi gran aventura, si puede llamarse así, no comenzaría hasta pasados lo dieciocho años. Ya era toda una moza casadera cuando tomé la decisión de que en el pueblo no había futuro para mí y me embarqué como muchos otros rumbo a Barcelona. Atrás dejé a un pretendiente, hijo de un administrativo, José, un chico aburrido que me prometía una vida aburrida. Coser siempre para otros, casarme, tener hijos…

Coser parecía ser mi única expectativa pero, si me habían enseñado a coser, por lo menos que sirviera para algo, para huir de la amenazante mediocridad, pensaba yo. Tal vez en Barcelona encontraría la oportunidad para dibujar que no atisbaba por ninguna parte en Mazarrón.

¿Dibujar? ¿Dibujar qué? ¿Quién te pagará por dibujar? Me preguntaba Catalina, mi madre, moviendo negativamente la cabeza. No le hacían ninguna gracia mis ambiciones. La asustaban. Al menos Presenta, Fuensanta y Esperanza, se mostraban más dóciles y los planes que mi madre tenía para ellas parecían ir viento en popa. Presenta congeniaba con Juan, Fuensanta con Manolo y Esperanza con Antonio. Los tres eran hijos de un viudo con quien Fausta, la hermana de mi madre, se había casado tiempo atrás.

Pero a mí tal vez sí me pagarían por coser, y con más probabilidades en Barcelona que no en Mazarrón, donde todas las minas estaban cerrando. También Juan, Manolo y Antonio querían ir en busca de nuevas oportunidades en Barcelona. Se decía que allí se estaban buscando trabajadores para el puerto, para la construcción del metro y la Exposición Universal. De modo que mi madre y su hermana Fausta se pusieron manos a la obra para arreglar las bodas de Presenta, Fuensanta y Esperanza antes de que sus respectivos novios se marcharan. Solo Presenta se marcharía con Juan a modo de avanzadilla y yo les acompañaría. Mi madre no logró convencerme para que me quedara y me casara con José. Yo no sentía nada por él y mi único anhelo de entonces era dibujar y encontrar a alguien que realmente supiera ver algo en mis dibujos, algo más que una ama de su casa o una madre para sus hijos.

 

Autor: Maite Mateos

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